Economistas y el mercado: ¿Sacerdotes de una nueva religión moderna?
Con frecuencia, los economistas de la escuela neoclásica enfrentan acusaciones de actuar como sacerdotes de una religión contemporánea donde el mercado ocupa el lugar de la divinidad. En la percepción pública, su labor parece consistir en elaborar una teodicea económica, es decir, una justificación filosófica que explique la existencia de males económicos dentro de un sistema de mercado que se presume perfecto y benévolo por naturaleza.
La crítica y su fundamento
Esta perspectiva crítica resulta, hasta cierto punto, injusta para la mayoría de profesionales económicos que dedican sus esfuerzos a resolver problemas prácticos en empresas e instituciones gubernamentales. Sin embargo, la observación apunta hacia una verdad incómoda que merece ser examinada con detenimiento. Existen paralelos inquietantes entre la concepción tradicional de Dios y la percepción moderna del mercado que trascienden lo meramente metafórico.
La autotrascendencia del mercado según Dupuy
Para comprender esta relación, debemos acudir al trabajo del filósofo e ingeniero francés Jean-Pierre Dupuy, quien introduce el concepto de autotrascendencia del mercado. Según esta teoría, el mercado es el resultado colectivo de nuestras decisiones económicas individuales, pero lo percibimos como una entidad externa, autónoma e impersonal que parece operar con vida propia.
Un ejemplo claro se encuentra en la formación de precios: aunque cada transacción económica contribuye mínimamente a su determinación, terminamos viendo los precios como realidades objetivas, casi sagradas, que escapan a nuestro control directo. En lugar de dominar el mercado, sentimos que el mercado nos domina a nosotros.
La metáfora borgeana del tiempo
Dupuy ilustra esta paradoja mediante una cita de Jorge Luis Borges que sirve como epígrafe en su obra: "El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego."
Esta reflexión aplica perfectamente a nuestra relación con el mercado: somos sus creadores colectivos, pero nos sentimos arrastrados por su corriente. Lo mismo ocurre con la concepción de Dios en la tradición religiosa: una creación humana que proyecta nuestro deseo de protección paternal en un universo percibido como hostil, pero que luego adquiere autonomía y se presenta como una entidad objetiva fuera de nuestro control.
De la mano divina a la mano invisible
Las similitudes continúan en el plano funcional. Históricamente, las sociedades esperaban señales divinas para orientar vocaciones y decisiones vitales fundamentales. En la modernidad, el mercado ha asumido este rol guía a través de su mano invisible. Un profesional puede estudiar con pasión una disciplina, pero al descubrir que carece de demanda laboral, el mercado lo redirige hacia actividades que la sociedad valora y necesita.
Así, el mercado cumple una función análoga a la que antes atribuíamos a la providencia divina: orienta nuestras trayectorias hacia lo que considera beneficioso tanto individual como colectivamente.
El origen religioso de las categorías sociales
El sociólogo Émile Durkheim ya señalaba que las categorías fundamentales del pensamiento humano tienen un origen religioso. Por lo tanto, no debería sorprendernos encontrar resonancias religiosas en instituciones económicas contemporáneas como el mercado. Estas estructuras heredan patrones de pensamiento y relación que han moldeado las sociedades humanas durante milenios.
Nota importante: Dupuy argumenta que los economistas neoclásicos rechazarían la premisa de nuestra agencia colectiva sobre el mercado, basándose en lo que él considera una tesis metafísica errónea que refuta detalladamente en el segundo capítulo de su obra "Economy and the Future".
Este análisis nos invita a reflexionar críticamente sobre cómo conceptualizamos las fuerzas que dan forma a nuestra realidad económica y social, reconociendo los profundos sustratos culturales que continúan influyendo en nuestras percepciones contemporáneas.