El silencioso elogio de Antonio Caballero que Daniel Coronell atesora como su mayor halago
El silencioso elogio de Caballero que Coronell atesora como mayor halago

El silencioso elogio que marcó la carrera de Daniel Coronell

En una ceremonia donde recibió su primer premio de periodismo, Daniel Coronell compartió mesa con Antonio Caballero, un colega al que ya conocía pero con quien apenas intercambió palabras formales durante la cena. Coronell, presa de la ansiedad social típica de esos eventos, asumió que el mutismo de Caballero se debía a su presencia, una duda que lo acompañó durante años hasta comprender que el temperamento reservado y huraño del veterano periodista era simplemente parte de su esencia.

Encuentros breves y palabras escasas

Mucho tiempo después, ambos coincidieron como columnistas de la revista Semana, manteniendo una relación profesional distante. Un día, al encontrarse en la sede de Noticias Uno, Coronell notó que Caballero no tenía vehículo y se disponía a tomar un taxi. "Antonio, ¿para dónde va?", preguntó Coronell. "Para Semana", respondió Caballero. "Yo lo llevo", ofreció Coronell, gesto que Caballero aceptó sin mayor ceremonia.

Durante todo el trayecto, Caballero mantuvo la mirada fija en la ventana, sin pronunciar palabra. Al bajarse, simplemente dio las gracias. Si se sumaran todos los minutos de conversación entre ambos a lo largo de los años, no alcanzarían los quince, confiesa ahora el columnista de Los Danieles. La interacción más significativa ocurrió años después, durante un almuerzo casual, cuando Caballero comentó: "Leí su columna sobre los gases lacrimógenos". Coronell, sorprendido, solo atinó a responder: "gracias".

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Un reconocimiento que trasciende los premios

Recientemente, Daniel Coronell ha sido galardonado con el Premio Guillermo Cano al Mérito Periodístico, la máxima distinción que otorga el Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB). Estos reconocimientos suelen invitar a balances y reflexiones sobre la trayectoria profesional. Para Coronell, el balance es claro: aquel comentario escueto de Antonio Caballero —uno de los colegas que más ha admirado y uno de los escritores que más ha consultado— representa, hasta hoy, el mayor halago de toda su carrera periodística.

En un oficio donde las palabras son la herramienta fundamental, a veces las más breves y escasas resuenan con mayor fuerza. El respeto silencioso de Caballero, manifestado en esa única observación sobre su trabajo, ha perdurado en la memoria de Coronell como un testimonio de reconocimiento profesional que trasciende los diplomas y las ceremonias formales.

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