Gabriel Tirado Muñoz (1957-2026), sociólogo y economista político, falleció el 13 de mayo de 2026 en la Clínica Marly de Chía, tras veintitrés horas y trece minutos de agonía. Ingresó consciente y sonriente, pero salió en una camilla cubierta por una sábana blanca. Se desangró en una de las instituciones médicas más prestigiosas de la sabana de Bogotá, mientras un sistema burocrático e indiferente contaba las horas sin actuar.
El inicio de la tormenta
Gabriel se despertó en San Francisco, Cundinamarca, con un dolor abdominal agudo, pálido y con vómito. En septiembre de 2025 le habían diagnosticado un aneurisma abdominal. El monitoreo de finales de marzo de 2026 mostró que la arteria había crecido de 40 a 60 milímetros. El médico ordenó una cirugía prioritaria, un procedimiento poco invasivo con catéter desde la ingle para reforzar la arteria con una malla metálica. Sin embargo, el Plan Complementario de Compensar programó la cita para agosto, cuatro meses después. La operadora dijo: “Por el momento no hay agenda; si alguien cancela, la llamamos”. Nadie llamó.
La carrera contra el reloj
El martes 12 de mayo, la arteria se rompió. Llegaron a El Rosal donde Camilo, médico y amigo, diagnosticó la ruptura. El viaje a Bogotá fue una carrera. En el peaje de la Concesión Sabana de Occidente solicitaron una ambulancia, pero los paramédicos solo podían llevarlo al Hospital de Facatativá, sin los implementos necesarios. Siguieron solos. Ante el trancón de la calle 80, se desviaron hacia Chía. A las 12:09 del mediodía, Gabriel entró caminando a la Clínica Marly de Chía, pero se desplomó. Una vigilante lo ayudó con una silla de ruedas.
La espera en la clínica
En la sala de reanimación, el médico de turno dijo que lo operarían rápido. Gabriel fue llevado a un TAC. A las 4:22 de la tarde, la doctora Sanabia confirmó que la aorta goteaba. Dijo que lo trasladarían a la UCI mientras llegaba el cirujano vascular, el doctor Olarte. Agregó: “No tenemos los implementos en esta sede, hay que traerlos”. A las 6:04 de la tarde, Gabriel subió a la UCI. Las visitas se redujeron a media hora. Afuera, la amiga Cabito llegó desde el aeropuerto para acompañar.
La burocracia fatal
A las 7:00 de la noche, firmaron consentimientos para un catéter central. La doctora falló dos intentos; al tercero logró tomar la vena. Treinta minutos después, Gabriel estaba sedado, pálido y con un charco de sangre en la clavícula izquierda. A las 8:30 de la noche, las salas de espera estaban vacías. El personal administrativo se había ido. A las 9:00 de la noche llegó el doctor Olarte, quien catorce minutos después informó que la clínica no tenía los implementos y que debían remitirlo a Los Cobos, Fundación Santa Fe o Marly de Bogotá. Luego desapareció.
En admisiones, Diana, la funcionaria, dijo que la remisión estaba en el sistema pero que Compensar no había emitido la autorización. Tras llamar, a las 11:13 de la noche les dijeron que el traslado ya estaba autorizado. Pero Diana respondió: “Debo esperar a que el sistema me lo refleje a mí”. A las 11:40 de la noche, cambió la versión: ninguna clínica de Bogotá confirmaba sala disponible. A la 1:15 de la madrugada, llamaron a la Superintendencia de Salud sin respuesta. Diana se negó a compartir contactos internos.
Las últimas horas
A las 5:00 de la mañana, el médico intensivista dijo: “Gabriel ya no está aguantando. Le he pasado cuatro bolsas de sangre, pero se sale por la aorta”. Firmaron la autorización para intubarlo. Al amanecer, pidieron ayuda en redes afectivas. A las 7:15 de la mañana, tras el cambio de turno, llegó la notificación: la Clínica Los Cobos recibía a Gabriel. La ambulancia estaba lista.
Lucas, su hijo, llegó a las 8:43 de la mañana. Entraron a la UCI. Gabriel estaba pálido y conectado a un ventilador. Lucas lo acompañaría en la ambulancia. Cabito y la autora se adelantaron en carro. Manejaban por la calle 170 cuando Lucas llamó: “No se devuelvan. No aguantó el traslado. El doctor dice que ya puede entrar toda la familia sin tapabocas”. Esa frase fue el veredicto. Llegaron a la clínica a las 11:11 de la mañana. Gabriel había fallecido seis minutos antes, a las 11:05, en compañía de su hijo.
El legado de Gabriel Tirado
Gabriel Tirado Muñoz fue un sociólogo y economista político formado en la Alemania Oriental y la UNAM de México. Dedicó su vida a caminar la Colombia profunda, desde el Plan Nacional de Rehabilitación en Vichada y Guainía hasta la dirección del Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta. Sus últimos 16 años vivió en San Francisco, Cundinamarca, donde cultivó gulupa y presidió la Junta de Acción Comunal de su vereda. Dejó dos hijos, Lucas y Karen, y un legado de compromiso social.
La autora concluye: “Gabriel no murió por un aneurisma insuperable; murió porque el sistema de salud colombiano jamás consideró prioritaria su vida”.



