La polémica pronunciación de Artemis II: ¿esdrújula o llana?
En medio del creciente interés global por la misión Artemis II de la NASA, una advertencia lingüística ha captado la atención: la Fundación del Español Urgente (Fundéu) señala que probablemente estamos pronunciando mal el nombre de este ambicioso proyecto espacial.
El origen mitológico y el dilema fonético
El programa Artemis II tomó su denominación de la deidad griega Ártemis, también conocida como Artemisa, cuyo nombre en español es claramente una palabra esdrújula, con el acento en la primera sílaba. Sin embargo, como explica la Fundéu, en español ha sido habitual mantener la grafía original en inglés para los nombres de programas espaciales, lo que en este caso resulta en la escritura «Artemis» sin tilde.
Este fenómeno crea una situación peculiar: en inglés, donde no existen las tildes escritas, la palabra se pronuncia naturalmente con acento en la primera sílaba. Pero para un hispanohablante que encuentre la palabra escrita sin tilde y termine en «s», la tendencia natural sería pronunciarla como palabra llana: /artémis/.
¿Qué opciones son válidas según los expertos?
La Fundéu establece que ambas formas son aceptables:
- La grafía original en inglés: «Artemis»
- La adaptación al español: «Ártemis» con tilde
La columnista María Alejandra Medina Cartagena, autora del análisis original, plantea una pregunta directa a los lectores: ¿Estarían dispuestos a cambiar su pronunciación si descubren que la han estado diciendo «mal»?
Un recordatorio ortográfico adicional
La Fundéu también aprovecha para recordar una norma ortográfica relacionada: se recomienda escribir «NASA» completamente en mayúsculas, ya que los acrónimos de nombres propios que tienden a escribirse solo con la inicial en mayúscula generalmente tienen cinco letras o más. Este detalle, aunque aparentemente menor, forma parte de las precisiones que buscan mantener la corrección en el uso del español en contextos técnicos y científicos.
La discusión sobre Artemis II refleja cómo los avances tecnológicos y científicos plantean constantemente nuevos desafíos para la adaptación y el uso correcto del lenguaje, incluso en ámbitos tan especializados como la exploración espacial.



