Unos dicen disfrutar la presión porque los hace llegar a lugares no pensados, pero no siempre cuentan a qué costo. Este texto parte de una duda que tuve después de escuchar repetidamente una palabra, en los últimos años, cuando hablo con emprendedores y también entre quienes trabajan para esos emprendedores. Pocas veces se la he escuchado a esos empresarios de muchos muchos años construyendo compañías de las que crecían gracias al cuidado de los clientes, a las ventas equilibradas y al crecimiento prudente. Sí, aunque estoy seguro de que todos los que estamos en el mundo empresarial la hemos escuchado y vivido, no es frecuente hablar públicamente de ella.
El lado oculto de la presión emprendedora
La palabra es presión. En el ecosistema emprendedor, especialmente en startups, fintech y edtech, la presión se ha normalizado como un motor de productividad. Sin embargo, investigaciones del neurocientífico Bruce McEwen y del psicólogo Mario Manzi, de la Universidad Javeriana, advierten que la presión crónica activa respuestas de estrés que afectan la salud física y mental. Paula Ramírez, psicóloga de orientación estudiantil de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, señala que muchos emprendedores no identifican los síntomas hasta que es tarde.
Voces desde el ecosistema
Mariangela López, directora del Centro de Emprendimiento de la Universidad del Norte, comenta que la presión no solo recae sobre los fundadores, sino también sobre los equipos. “Se habla de pasión y resiliencia, pero poco del agotamiento y la ansiedad que genera la incertidumbre constante”, afirma. López enfatiza la necesidad de crear culturas organizacionales que permitan pausas y apoyo emocional.
El artículo original, publicado por Redacción Emprendimiento y Liderazgo, invita a reflexionar sobre este tema tabú. La presión puede ser un catalizador, pero su costo no contado merece atención en un entorno que glorifica el éxito rápido.



