Meta nombra a exasesora de Trump como presidenta en jugada estratégica hacia la inteligencia artificial
Meta nombra a exasesora de Trump como presidenta en jugada estratégica

Meta fortalece su liderazgo con nombramiento estratégico de exasesora presidencial

En una jugada silenciosa pero de gran calado estratégico, el gigante tecnológico Meta anunció recientemente la incorporación de Dina Powell McCormick como nueva presidenta y vicepresidenta de la junta directiva de la compañía. Este nombramiento, que pasó relativamente desapercibido fuera de los círculos de poder en Washington y Wall Street, revela mucho más sobre el futuro de la empresa de lo que aparenta a simple vista.

Un perfil poco común en Silicon Valley

La ejecutiva financiera, filántropa y asesora política, proveniente del sector gubernamental y cercana al expresidente Donald Trump, posee un recorrido profesional extraordinario que atraviesa diplomacia, banca de inversión, seguridad nacional y ahora, de manera directa, el corazón de una de las corporaciones más influyentes del planeta. Su llegada a Meta no parece orientarse hacia productos ni diseño, sino hacia algo mucho más estructural: el poder institucional y las relaciones estratégicas.

De inmigrante a figura de poder

Nacida en El Cairo, Egipto, en el seno de una familia de clase media siendo hija de un capitán del ejército egipcio, emigró con sus padres a Estados Unidos durante su niñez. Se establecieron en Dallas, Texas, donde su familia operaba una pequeña tienda de conveniencia y su padre trabajó como conductor de autobús, entre otros oficios. Llegó al país sin hablar inglés y se formó en escuelas públicas, una experiencia que ella misma ha descrito como decisiva en su carácter y ambición.

Posteriormente ingresó a la Universidad de Texas en Austin, donde comenzó a trabajar para costear sus estudios y se acercó al Partido Republicano, identificándose con su visión de menor intervención estatal y énfasis en el emprendimiento privado.

Trayectoria entre Washington y Wall Street

Ese primer paso la condujo a Washington D. C. Durante la administración de George W. Bush ocupó cargos clave en el Departamento de Estado, donde lideró áreas de diplomacia pública y relaciones culturales en uno de los momentos más complejos para la política exterior estadounidense. Su trabajo se enfocó en reconstruir puentes internacionales, gestionar percepciones globales y operar en escenarios geopolíticos sensibles, particularmente en Medio Oriente.

Fue en ese contexto donde adquirió una comprensión profunda de cómo interactúan gobiernos, intereses nacionales y poder blando, una experiencia poco común en los círculos de Silicon Valley.

En 2007 dio el salto al sector privado incorporándose a la banca privada en Goldman Sachs, donde permaneció durante 16 años en posiciones de liderazgo para luego convertirse en socia de la firma. Más allá de la banca tradicional, se especializó en el vínculo con fondos soberanos y grandes inversionistas institucionales, construyendo relaciones de largo plazo entre capital, Estados y proyectos de escala mundial.

Regreso al sector público y nueva etapa

Su retorno al sector público ocurrió en 2017, cuando fue convocada por el presidente Trump como asesora adjunta de Seguridad Nacional. Desde ese rol actuó como un puente entre el mundo corporativo, la política y los aliados internacionales de Estados Unidos. No fue una figura estridente, pero sí estratégica, con una capacidad notable para traducir intereses económicos en lenguaje político. Tras abandonar la Casa Blanca en 2018, regresó al mundo financiero con una red de contactos aún más influyente.

La estrategia de Meta hacia la inteligencia artificial

Toda esta trayectoria explica por qué su llegada a Meta no es casual. McCormick no llega para opinar sobre algoritmos ni para definir innovaciones de producto. Llega para supervisar la construcción de la infraestructura física, financiera y política que exige la nueva etapa de la inteligencia artificial.

Meta no solo está apostando por software: necesita centros de datos, energía, conectividad y acuerdos con gobiernos y fondos capaces de financiar inversiones de decenas de miles de millones de dólares. Es precisamente en ese ámbito donde Powell McCormick encaja como una pieza lógica. Comprende Washington, entiende Wall Street y sabe cómo dialogar con Estados que controlan capital, recursos y regulación.

Su nombramiento como presidenta y vicepresidenta de la junta la ubica en el rol más influyente de la compañía, solo por debajo de Mark Zuckerberg, su fundador, y envía un mensaje claro: la carrera por la inteligencia artificial ya no se gana únicamente con mejores modelos, sino con infraestructura, alianzas políticas y capital paciente.

Meta (Nasdaq: Meta), cuya acción ronda actualmente los 640 dólares y se acerca nuevamente a su máximo histórico, parece haber comprendido esta realidad. Y esta movida estratégica lo confirma de manera contundente.