La amistad en la era digital: cuando los gestos ocultan intereses y el poder espanta verdades
Amistad en la era digital: gestos que ocultan intereses

La complejidad social en la era de la exposición digital

La sociedad contemporánea presenta una complejidad que quizás siempre existió, pero que hoy observamos con una nitidez sin precedentes. Las redes de información difunden masivamente las interacciones humanas, permitiendo que las opiniones se expresen con menos prevención y casi sin filtros. Pareciera que la pantalla otorga una licencia que la presencia física tradicionalmente negaba.

Del murmullo a la proclamación pública

Lo que antes se comentaba en la trastienda o en conversaciones privadas, hoy se proclama abiertamente en muros digitales ante miles de espectadores. En este escaparate permanente de la vida social, las intenciones humanas quedan más expuestas que en cualquier otro momento histórico.

El utilitarismo en las relaciones humanas

Vivimos inmersos en un mundo profundamente utilitarista, donde rara vez apreciamos al otro por su esplendor espiritual o su esencia humana. Hemos reducido progresivamente a las personas a lo que pueden ofrecernos: contactos valiosos, oportunidades profesionales, favores pendientes de cobro o beneficios diversos.

Siempre atendemos a intereses particulares y en consecuencia actuamos. El prójimo ha dejado de ser prójimo para convertirse en una ficha dentro de un tablero social donde cada movimiento persigue una ventaja específica.

La economía de los afectos

Se persiguen réditos constantes de las relaciones sociales, y estos beneficios adoptan dimensiones diversas: económicos, políticos, ideológicos, sentimentales e incluso sexuales. La amistad se cotiza en mercados implícitos, el afecto se negocia como commodity y hasta el saludo matutino puede esconder una agenda oculta.

Casi siempre, detrás de un detalle aparentemente espontáneo existe una pretensión calculada. Aquel mensaje inesperado de "Hola, perdid@...", aquella invitación repentina a "almorcemos", aquel cálido "tomémonos un tinto" sugieren, con frecuencia sospechosa, que alguna petición concreta vendrá después.

El gesto amable se convierte en prólogo de la solicitud y la sonrisa en preámbulo del favor.

"No hay tinto gratis": la sabiduría de la experiencia

Como afirma un amigo con esa sabiduría que solo concede la experiencia de haber pagado cuentas que no figuraban en ningún menú: "No hay tinto gratis". Esta expresión alude precisamente a los intereses que mueven los amables detalles, a la ausencia de amor genuino y espontaneidad desinteresada.

Nos convertimos en detallistas únicamente cuando tenemos algo que obtener a cambio. En esta economía particular de los afectos, cada gesto tiene precio establecido y cada cortesía devenga intereses implícitos.

El poder como imán de intereses

Por esta razón resulta tan difícil detectar la amistad sincera cuando se posee poder derivado de la posición política, económica o del cargo ocupado. El poder atrae multitudes interesadas, pero espanta verdades auténticas, llena las agendas de compromisos calculados y vacía el alma de certezas genuinas.

Quién se acerca a otro por lo que realmente es o representa, solo encuentra respuesta verdadera cuando el poder se esfuma. Reza el adagio popular que en las malas circunstancias es cuando se conoce al amigo verdadero, y cuánta razón destila esa sentencia ancestral.

La esperanza en los gestos desinteresados

Pero no todo está perdido en este panorama social. Bendito sea ese saludo que no espera nada a cambio, que se funde en sí mismo como quien regala una flor sin esperar un jardín completo como retribución.

Bendito sea ese almuerzo que se explica desde el amor puro, desde las ganas genuinas de compartir el pan y la palabra sin agendas ocultas. Bendito sea ese tinto que entre matices y aromas no es antesala de favores pendientes, sino plataforma sincera para construir lazos espirituales y fraternos.

Porque todavía existen personas que invitan un café solo para preguntar, mirando directamente a los ojos, cómo estás realmente. Y, de verdad auténtica, la respuesta les importa profundamente.