La adicción a la validación digital: cuando los likes calman pero no sanan el vacío emocional
Adicción a la validación digital: likes que no sanan

La trampa de la validación digital: cuando fingir bienestar se convierte en adicción

En un café bogotano, entre el aroma del espresso y el murmullo de conversaciones, Paola confesaba lo que millones de colombianos callan: su vida digital era un teatro cuidadosamente coreografiado. Mientras revolvía su cappuccino con intensidad, mostraba dos pestañas abiertas en su celular: Instagram con una foto meditativa frente al mar (300 likes) y LinkedIn con un post sobre "rutinas de autocuidado que transforman la productividad" (200 comentarios elogiosos).

La confesión que nadie hace en voz alta

"Rebeca, tengo que confesarte algo", comenzó Paola con voz temblorosa. "Sé que todo esto es teatro. No soy ingenua. Conozco perfectamente que mi Instagram de amor propio es pura actuación y que en LinkedIn todos vendemos versiones idealizadas que no existen". Hizo una pausa significativa antes de añadir: "Pero si dejo de publicar estas cosas, ¿quién soy? ¿La fracasada que ni siquiera puede amarse a sí misma? Prefiero sentirme vacía en privado que fracasada en público".

Ahí estaba expuesta la verdad incómoda que recorre las redes sociales colombianas: la performatividad como mecanismo de supervivencia emocional y profesional.

La neurociencia detrás de la adicción a los likes

La conversación derivó hacia un aspecto crucial: según investigaciones de la neurocientífica Lisa Feldman Barrett, el cerebro humano no distingue entre validación auténtica y validación performática. Para nuestras conexiones neuronales, un like es simplemente un like, una felicitación es una felicitación. Cuando publicamos contenido cuidadosamente construido y recibimos aprobación digital, nuestro cerebro aprende: esto funciona, repítelo.

"Entonces estoy atrapada", concluyó Paola con desesperanza. "Si mi cerebro no sabe diferenciar, nunca podré detenerme".

Pero la trampa es más profunda: cada vez necesitamos mayor performance para obtener la misma dosis de validación. Los psicólogos denominan este fenómeno "habituación hedónica", el mismo mecanismo que sustenta cualquier adicción. Los likes del domingo se desvanecen el lunes por la mañana, creando un ciclo interminable de publicación, validación temporal, vacío emocional y nueva publicación.

El factor cultural colombiano que amplifica el problema

En Colombia y Latinoamérica, esta dinámica se intensifica por un miedo cultural profundamente arraigado a la vergüenza pública. No solo buscamos validación; necesitamos desesperadamente evitar el escarnio social. En nuestra cultura, admitir vulnerabilidad, confesar que no tenemos todo resuelto, reconocer fracasos, resulta casi más doloroso que el fracaso mismo.

"Por eso LinkedIn se convirtió en una competencia de quién aparenta mayor éxito", explicó Rebeca Macedo. "Publicamos 'lecciones aprendidas' de experiencias que todavía nos duelen, 'agradecimientos por oportunidades de crecimiento' tras despidos laborales, 'felicidad por cerrar ciclos' después de rupturas amorosas. Nadie escribe 'estoy perdido y no sé qué hacer'".

Este comportamiento colectivo crea un dilema del prisionero digital: si tú dejas de performar mientras todos continúan, pierdes visibilidad, oportunidades profesionales y relevancia social. Así, aunque todos sepamos que es teatro, resulta racional continuar con la farsa.

Estrategias prácticas para recuperar la autenticidad

La solución no radica en abandonar las redes sociales -gesto poco realista en el contexto profesional contemporáneo-, sino en desarrollar consciencia e integración emocional. Rebeca Macedo propone un ejercicio práctico mediante tres preguntas fundamentales antes de cualquier publicación:

  1. ¿Qué necesito realmente con este post? Validación, visibilidad profesional, pertenencia. Nombrar la necesidad le quita poder.
  2. ¿Qué porcentaje es verdad y qué porcentaje es performance? Reconocer la mezcla otorga control sobre la narrativa.
  3. ¿Puedo sostener esta contradicción sin juzgarme? Aceptar que podemos ser auténticos y performáticos simultáneamente.

"El amor propio real no es un estado de iluminación donde ya no necesitas nada de nadie", aclaró Rebeca. "Es la capacidad de sostener tu verdad completa: la parte que performa Y la parte que sabe que está performando. La parte que necesita validación Y la parte que comprende que esa validación es temporal".

Estudios colombianos confirman el fenómeno

Investigaciones de la Universidad de los Andes sobre redes sociales y bienestar emocional en Colombia revelan datos alarmantes: el 68% de las mujeres entre 25 y 40 años experimentan mayor ansiedad durante fechas como San Valentín, precisamente por la brecha entre lo que "deberían" sentir según las expectativas sociales y lo que realmente experimentan. Esta distancia entre performance y verdad interna es lo que genera malestar psicológico.

Paola guardó las preguntas escritas en una servilleta, reconociendo que "esta consciencia es más aterradora que la ignorancia, porque ahora soy responsable de mis elecciones digitales".

Un llamado a la honestidad digital

Si te identificas con esta experiencia, considera este mensaje: no estás mal por necesitar validación externa, no fracasas en amor propio por revisar tus likes, no eres falso porque muestres solo logros en LinkedIn. Eres humano atrapado en sistemas diseñados precisamente para generar esta dependencia.

El verdadero amor propio emerge cuando podemos nombrarnos sin mentirnos, cuando sostenemos nuestra complejidad sin fracturarnos, cuando decimos nuestra verdad aunque sea: "Hoy necesito que me vean, y también está bien". Ese aroma de emociones reales, existente debajo de los posts perfectamente curados, es exactamente donde comienza la libertad auténtica.