La humanidad ante la IA: una asimetría que exige redefinir lo humano
Humanidad ante la IA: asimetría que exige redefinirnos

La humanidad ante la asimetría ontológica de la inteligencia artificial

La humanidad convive actualmente de facto con sistemas que participan activamente en la producción del sentido, sin compartir con ella ni ontología ni intencionalidad alguna. Bajo este nuevo régimen tecnológico, surge una asimetría fundamental dictada por la mutua ininteligibilidad de sus partes constituyentes, lo que obliga a revisar sin demora las condiciones que garanticen la continuidad de lo humano sin su licuefacción completa.

El debate mal ubicado y la fragilidad ética

La precipitada interacción con la inteligencia artificial abre debates donde aflora con frecuencia una tecnofobia mal ubicada, siendo el asunto más de índole metafísica que meramente técnica. La reciente dimisión del jefe de seguridad y del científico líder de Anthropic -empresa presionada por el Gobierno estadounidense a retirar restricciones en el uso militar de sus modelos- ilustra con claridad el frágil protocolo de autorregulación ética del sistema actual.

Este episodio sugiere que la dominación política y mercantil de las infraestructuras que sostienen las plataformas de IA se ha convertido en un factor condicionante decisivo en la exacerbación de la brecha ya constatada entre lo humano y lo artificial.

La simulación que podría superar la realidad humana

Establecer los lindes operativos de lo que nos distingue como humanos no bastará dentro de las categorías, ya acaparadas por las nuevas tecnologías, que además incorporan la mayoría de las antiguas. La simulación de atributos humanos como empatía, espiritualidad, humor, pensamiento crítico o creatividad, pronto podría superar la operatividad real de un ser humano fracturado por el individualismo contemporáneo y desorientado por la saturación semántica del mundo digital.

Competir contra la optimización algorítmica sería absurdo sin una redefinición radical de nuestro terreno existencial, pues la potencia y velocidad de su despliegue la aventajan según la configuración actual del mundo. Los paradigmas económicos dominantes de volumen, eficiencia y velocidad productiva predisponen a ciertos usos específicos de la tecnología, que amplifican sistemáticamente el soterramiento de comportamientos y cogniciones humanas no optimizables en este contexto mercantil.

El riesgo de nuevas élites y la necesidad de transparencia

Toda vez, ejercer una discriminación positiva de lo humano puede no resultar lo más conveniente, corriéndose el riesgo real de mantener una actitud de cotejo constante de habilidades, lo cual engendraría inevitablemente nuevas élites tecnológicas con sus correspondientes castas sociales. De entre las condiciones que emergen como indispensables para el reto planteado, la de una transparencia como reciprocidad mínima es primordial, ya que sin inteligibilidad mutua se impondría una dependencia difícil de desinstalar posteriormente.

Mientras sobrevivan reservas no cuantificables de lo humano -aquello que escapa a la medición algorítmica- deberían potenciarse bajo la consideración ética fundamental de que no todo en la experiencia humana ha de optimizarse forzosamente.

La ventana de inteligibilidad que se cierra aceleradamente

Nace así la necesidad urgente de articular un campo común de legibilidad compartida, donde no se absorba completamente lo humano ni se renuncie del todo a la formalización tecnológica. Este plano compartido debería concretarse antes de que se cierre definitivamente la ventana de inteligibilidad -lo cual está ocurriendo a un paso acelerado- y que la ontología humana devenga una suerte de caja negra a la que no tengamos acceso cognitivo, atrapándonos en una Torre de Babel indestructible donde la comunicación entre lo humano y lo artificial resulte imposible.