Therians: La peculiar tendencia viral que cuestiona nuestra humanidad
En las últimas semanas, las redes sociales han sido testigo de un fenómeno peculiar que ha capturado la atención de millones: personas disfrazadas de animales, caminando a cuatro patas, ladrando, maullando o rugiendo, en una representación pública de lo que denominan su identidad espiritual no humana. Estos individuos, conocidos como Therians, manifiestan identificarse íntimamente con animales como lobos, gatos, tigres o perros, utilizando máscaras y comportamientos que, según ellos, expresan su conexión interior con estas criaturas.
¿Subcultura digital o síntoma social?
Los entornos digitales han permitido que esta tendencia se construya y valide, generando toda una subcultura online con sus propios códigos y comunidades. Pero más allá de la curiosidad inicial, este fenómeno plantea preguntas fundamentales sobre nuestra sociedad contemporánea. Expertos en psiquiatría ya han señalado la diferencia entre esta identidad vivida y condiciones clínicas como la zoantropía, donde existe una creencia delirante de transformación en animal, aclarando que los Therians no son considerados patológicos.
Sin embargo, esta manifestación nos invita a reflexionar sobre cómo estamos construyendo comunidad en la era digital y de qué manera estamos aprendiendo a formar identidad y pertenencia en un mundo donde los referentes tradicionales se desdibujan.
La pérdida de referentes y la búsqueda de identidad
En esta modernidad tardía, observamos cómo valores y principios que tradicionalmente nos definían como sujetos -la familia, la religión, la tradición, la nación- han ido perdiendo fuerza. Lo que antes se inculcaba según nuestro origen y lugar de nacimiento, hoy es cada vez más una construcción personal, especialmente entre jóvenes influenciados por las dinámicas de las redes sociales.
Las plataformas digitales no inventaron la necesidad de ser, pero sí crearon un incentivo complejo: para ser alguien en estos espacios, debes ser visible y, preferiblemente, diferenciable. En un océano de perfiles, lo único y disruptivo se premia con atención, mientras lo normal pasa desapercibido. El algoritmo, carente de ética pero rico en patrones, aprende rápidamente qué contenido dispara emociones: lo raro, lo llamativo, lo extremo, aquello que provoca amor u odio por igual.
La economía de la atención y la desesperación por existir
Las redes sociales viven de extremos emocionales, donde ser amado o detestado garantiza visibilidad. Para muchos, ser visto se ha convertido en una forma desesperada de existir. Por eso, lo plano, lo normal o lo matizado rara vez se hace viral. Esta dinámica empuja hacia expresiones cada vez más llamativas, donde las tribus digitales reemplazan a las comunidades amplias y tradicionales.
El fenómeno Therian, aunque pueda parecer excéntrico o incluso humorístico, revela síntomas de una crisis de identidad estructural. No se trata de oponerse al libre desarrollo de la personalidad, sino de cuestionar qué parte de estas expresiones representa verdadera libertad y qué parte responde simplemente al deseo de encajar, encontrar un espacio o captar atención en una sociedad que exige cada vez más diferenciación.
Hacia una reflexión colectiva sobre lo que nos define
Toda sociedad necesita referentes ontológicos compartidos, límites, definiciones y consensos mínimos sobre lo que somos como especie y civilización. La fragilización de estos pilares, donde el pertenecer se confunde cada vez más con el ser, nos enfrenta a desafíos profundos.
Es inminente reflexionar y volver a lo básico: al fortalecimiento del núcleo familiar como sostén social, a los principios y valores que dan coherencia a nuestra existencia colectiva. Los Therians son solo una manifestación visible de búsquedas identitarias que, en el fondo, hablan de nuestra necesidad humana fundamental de pertenencia y significado en un mundo cada vez más complejo y digitalizado.
Como sociedad, debemos preguntarnos no si esta tendencia está bien o mal, sino qué nos dice sobre nosotros mismos, sobre nuestras carencias y sobre el tipo de comunidad que estamos construyendo para las generaciones futuras.