Agresión homofóbica en Cartagena: La masculinidad violenta bajo la mirada silenciosa de Colón
En la Plaza de la Aduana de Cartagena, un espacio público emblemático donde convergen turistas, locales y la historia colonial representada en monumentos, ocurrió un incidente que ha puesto en evidencia cómo persisten patrones de masculinidad violenta en la región Caribe colombiana.
El incidente en la Plaza de la Aduana
Todo comenzó cuando un adulto mayor, vestido con una guayabera ligera para combatir el calor cartagenero y portando gafas oscuras, caminaba tranquilamente por la plaza. La escena pacífica se vio interrumpida cuando un hombre se le acercó y le tocó las nalgas sin su consentimiento.
Inicialmente, el adulto mayor sonrió, pensando quizás que se trataba de un accidente inocente. Sin embargo, al reconocer el rostro de su agresor, su expresión cambió radicalmente. Le gritó, lo insultó llamándolo "bisexual", pero intentó recuperar la compostura y continuar su camino.
La situación escaló cuando otros hombres se acercaron, aparentemente para saludarlo, pero rápidamente comenzaron a burlarse de él. "¿Usted por qué se deja agarrar el jopo, si usted es varón?", le preguntaron con sorna. La respuesta del adulto mayor fue inmediata: "El jopo te lo dejas coger tú, marica".
En ese momento, el agresor inicial repitió la acción, tocándole nuevamente las nalgas. Esta vez, el adulto mayor no pudo contenerse y persiguió al hombre por toda la plaza mientras le gritaba "maricón". Los espectadores continuaron burlándose, coreando: "Todo el que se deja agarrar las nalgas es mariquita".
El testigo silencioso: Cristóbal Colón
La ironía del episodio radica en su ubicación: ocurrió frente al monumento de Cristóbal Colón, el navegante genovés que inició la colonización europea de América. Esta estatua, que representa el inicio de una era de imposiciones y jerarquías sociales, fue testigo silencioso de cómo, cinco siglos después, persisten lógicas de dominación basadas en la masculinidad violenta.
"El monumento del hombre que dio inicio a una era de imposiciones y jerarquías observa ahora cómo, cinco siglos después, la masculinidad violenta sigue haciendo de las suyas usando la lógica colonial: territorio + jerarquía + dominación", señala el análisis del incidente.
Masculinidades en el Caribe colombiano
En la región Caribe colombiana se han naturalizado prácticas de desprecio hacia las masculinidades no hegemónicas. Se ha construido un imaginario social donde se espera que los hombres sean:
- Violentos en sus reacciones
- Patriarcales en sus relaciones
- Sexualmente activos exclusivamente con mujeres
- Padres de muchos hijos
Cuando alguien no cumple con estos parámetros -ya sea por decidir no casarse, no tener hijos, expresar afecto abiertamente o no reaccionar con violencia- inmediatamente se pone en duda su masculinidad.
Caribe Afirmativo, organización que trabaja por los derechos de la población LGBTIQ+ en la región, explica que casos como estos no deben verse como "herencia cultural", sino como imposiciones sociales que perpetúan la violencia.
"Rechazamos como organización cualquier tipo de violencia que busque disminuir los derechos de una persona. En Colombia las agresiones motivadas por discriminación son un delito, y como tal la víctima tiene todas las herramientas para acudir a la Fiscalía", afirmó la corporación.
Un problema regional preocupante
Colombia cerró 2025 como el país con mayor recurrencia de hechos de violencia motivados por prejuicios hacia la orientación sexual, identidad o expresión de género, real o percibida. Ocupa el primer lugar en la región, seguido por Brasil, México, Perú, Honduras y Argentina.
"Aquí hay dos elementos clave. El primero es entender que este tipo de violencia se llama prejuicio. En términos kantianos, el prejuicio es esa animadversión que me genera lo que otra persona es. Hablamos de orientación o identidad real o percibida porque muchas veces el agresor considera válida solo una forma de ser hombre", explicó Caribe Afirmativo.
La normalización de la violencia sexual contra hombres
Uno de los aspectos más preocupantes que revela este caso es la normalización de la violencia sexual cuando la víctima es un hombre. Mientras que cuando la persona agredida es una mujer generalmente se reconoce la gravedad del hecho, en el caso de los hombres existe la creencia de que "no les afecta", que "no pasa nada" o que "es mamadera de gallo".
Esta percepción social crea un mandato de masculinidad que impide a los hombres reconocerse como víctimas. Se espera que se rían de la agresión o que respondan con violencia, pero no que denuncien, pues hacerlo sería admitir vulnerabilidad.
Los estudios sobre masculinidades en América Latina tienen más de 20 años, pero apenas se está comenzando a reflexionar seriamente sobre el tema desde el ámbito académico. Según una investigación de la Universidad Autónoma del Estado de México, la mayoría de estos estudios siguen siendo realizados por hombres, y existe una renuencia a perder el poder que históricamente han ejercido.
Mientras tanto, en la Plaza de la Aduana de Cartagena, Cristóbal Colón sigue observando inmóvil cómo persisten las estructuras de poder que su llegada al continente ayudó a establecer. Quizás el verdadero desafío no sea solo remover estatuas coloniales, sino desmontar las estructuras mentales que estas representan y que continúan afectando las relaciones humanas cinco siglos después.