Consejera de Paz de Bogotá alerta sobre el abandono estatal a la niñez traumatizada por el conflicto armado
En el marco de la conmemoración del Día de las Víctimas, Isabelita Mercado, consejera de Paz, Víctimas y Reconciliación de Bogotá, ha levantado su voz para denunciar el descuido histórico del Estado colombiano hacia los niños, niñas y adolescentes afectados por el conflicto armado. Según Mercado, el país ha fallado en abordar adecuadamente el trauma que la guerra ha dejado en las generaciones más jóvenes, un dolor que, según estudios recientes, se transmite de padres a hijos incluso cuando estos no vivieron directamente los hechos victimizantes.
Las cifras ocultas del horror infantil
Las estadísticas recopiladas por la Comisión de la Verdad revelan una realidad escalofriante: entre 1985 y 2018, 64.084 niños, niñas y adolescentes murieron en el contexto del conflicto armado. A esta cifra se suman 28.192 desaparecidos forzados entre 1985 y 2016, 6.496 secuestrados entre 1990 y 2018, y al menos 16.283 reclutados entre 1990 y 2017, aunque las estimaciones superan los 40.000 casos. El desplazamiento forzado ha sido particularmente devastador, afectando a 3.049.257 menores entre 1985 y 2019.
"Los niños y las niñas han vivido el conflicto armado de una manera tan cruda como los adultos", afirma Mercado. "A ellos también los han desplazado, torturado, asesinado y secuestrado. Y poco se habla de cómo han vivido esta guerra".
El trauma que no conoce generaciones
Un estudio de la Universidad de los Andes realizado en Medellín descubrió que el trauma del conflicto se hereda de generación en generación. Los patrones de salud mental asociados con ansiedad y afectaciones al desarrollo socioemocional pueden manifestarse en niños cuyos padres o abuelos fueron víctimas, incluso si ellos no experimentaron directamente los hechos violentos.
"No estamos hablando solamente de la pobreza que se hereda hasta diez generaciones en familias desplazadas, sino de que el trauma también se traspasa", explica la consejera. "Son heridas de la guerra que cargan para siempre".
Una iniciativa para dar voz a los sin voz
Para visibilizar esta realidad, la Consejería de Paz de Bogotá ha lanzado la colección "Cuando los pájaros no cantaban", seis libros ilustrados basados en testimonios de niños recogidos por la Comisión de la Verdad. Esta herramienta pedagógica busca no solo preservar la memoria, sino también facilitar conversaciones sobre el conflicto con las nuevas generaciones.
Mercado destaca la importancia de reconocer la agencia de la niñez: "Respetar su agencia pasa por escuchar y reconocer su voz. La memoria tradicionalmente se ha construido desde la visión de los adultos, cuando los niños tienen sus propias formas de contar cómo vivieron el conflicto".
Los desafíos pendientes del Estado
La consejera identifica varias deudas pendientes del Estado frente a la niñez víctima:
- Orfandad y recomposición familiar tras separaciones causadas por el conflicto
- Búsqueda de niños desaparecidos que podrían estar vivos
- Acceso a educación superior y empleo para jóvenes que fueron víctimas durante su infancia
- Abordaje integral del trauma más allá de la desvinculación de grupos armados
Mercado reconoce que Colombia tiene "el programa de reparación administrativa más ambicioso del mundo", pero advierte sobre la necesidad de reformular su implementación ante el creciente número de víctimas, que ya supera los 10 millones, con más de 7,8 millones sujetos de atención actualmente.
Un llamado a la acción urgente
"El país ha descuidado a la niñez y cómo se debe abordar el trauma del conflicto", sentencia Mercado. "Se nos ha vuelto paisaje que las cifras de reclutamiento vayan en aumento. El año pasado, con la situación en el Catatumbo, el desplazamiento masivo aumentó en un 300%. ¿Cuántos de esos más de 85.000 desplazados eran niños?".
La consejera concluye con un mensaje de esperanza pero también de urgencia: "Colombia ha sido un ejemplo exitoso de que un país puede avanzar en reparación integral. Estamos a tiempo de hacer un estudio para sacar recursos adicionales y refinanciar la implementación de la política pública de víctimas".
El desafío, según Mercado, es asegurar que los horrores del conflicto no definan para siempre el futuro de los niños colombianos, y que el Estado cumpla con su obligación de proteger la vida, dignidad, libertad y sueños de la niñez afectada por décadas de violencia.



