Un perdón conmovedor en la JEP revela el poder de la justicia restaurativa
En estos días circula un video profundamente emotivo que captura un momento histórico en una audiencia de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). En las imágenes, una abuela y su nieta ofrecen perdón al teniente retirado del Ejército, Andrés Rosero, quien en 2006 ordenó el asesinato de John Darío Giraldo para presentarlo como baja en combate, en lo que se conoce como los "falsos positivos".
Un encuentro que trasciende el dolor
La escena muestra a Rosero arrodillado, sollozando mientras agradece el gesto de perdón. Rosalba, madre de John Darío, y Yésica, su hija, lo abrazan y le expresan cómo este acto significa un alivio para ellas después de años de sufrimiento. Nadie que presencie este momento puede dudar del arrepentimiento genuino del militar ni de la extraordinaria generosidad de las víctimas.
Pero más allá de la emoción, este encuentro revela algo fundamental sobre el espíritu de la JEP, una institución que ha sido fuertemente atacada desde su creación y que hoy enfrenta amenazas constantes. "Esas profundas heridas son las que buscamos sanar por medio de la escucha, del acercamiento y la comprensión de lo que nos causaron tantos años de guerra", explica Alejandro Ramelli, presidente de la JEP.
La justicia restaurativa en acción
Este tipo de encuentros solo son posibles bajo un modelo de justicia restaurativa, que se enfoca en reparar el daño causado y priorizar los derechos de las víctimas sobre la mera punición. Sin embargo, es crucial entender que aunque el perdón es deseable, no constituye un requisito esencial para la reparación.
Como reflexionaron grandes pensadores como Jean Amery, Primo Levi y Tzvetan Todorov al ser consultados sobre si perdonarían a sus agresores, muchos respondieron que no, o que el perdón resulta irrelevante o discrecional. El perdón puede aliviar la conciencia de los agresores y el dolor de las víctimas, pero lo verdaderamente trascendental en el intento de cerrar un conflicto que agobió a Colombia por más de 50 años es sacar a la luz la verdad completa de lo ocurrido.
La importancia de la verdad revelada
Durante la audiencia, cuando la juez pregunta a Rosero si el enfermero de la patrulla auxilió a la víctima herida, el militar responde con crudeza: "No, porque ya sabíamos qué íbamos a hacer con él". Estas verdades aterradoras, que han emergido después de 2.300 testimonios y del reconocimiento público de responsabilidad por parte de más de 170 imputados en los hechos más graves del conflicto, son las que permiten avanzar en un camino de justicia genuina.
La justicia de la JEP es Especial precisamente porque es restaurativa. A diferencia de la justicia retributiva —que busca principalmente castigar—, este modelo propone a quienes reconocen voluntariamente sus crímenes y aportan información veraz, sanciones que en lugar de cárcel implican trabajos concretos en favor de las víctimas y las comunidades afectadas. Para quienes se niegan a colaborar con la verdad, la JEP establece en juicios adversariales penas que pueden alcanzar hasta 20 años de prisión.
Desafíos culturales y logros internacionales
En una cultura predominantemente punitiva, donde muchos desearían que los victimarios "se pudrieran en la cárcel", las Sanciones Propias de hasta ocho años de la JEP suelen interpretarse erróneamente como impunidad. Se olvida que la mayoría de los grandes conflictos internacionales se cierran con amnistías que indultan a los máximos responsables o los condenan de por vida, pero sin exigir ni verdad ni reparación alguna para las víctimas.
La labor de la JEP es mucho más profunda y ardua, pues va a la raíz de los hechos confesados y los verifica meticulosamente. Por esta razón es fundamental defenderla: como modelo de justicia restaurativa, hoy se ha convertido en referencia internacional para procesos de paz y reconciliación en contextos de conflicto prolongado.



