El refugio del amor: mujeres que transforman historias de violencia en esperanza
Gloria Tobar perdió hace muchos años la cuenta exacta de los niños que ha salvado, pero recuerda con precisión aquella tarde de agosto de 1991 cuando su vida tomó un rumbo definitivo. Ese día, en su modesta casa de Ipiales, Nariño, abrió las puertas para recibir a un niño con discapacidad que venía de un pasado turbulento. Desde entonces, nunca más cerró su hogar a los menores que necesitaban protección.
Un antídoto contra la violencia
Las madres de acogida representan una respuesta vital ante una epidemia de violencias que afecta a la niñez colombiana. Según Esteban Reyes, director de la ONG Aldeas Infantiles, su trabajo silencioso pero fundamental ofrece hogares seguros a quienes nunca tuvieron la oportunidad de una familia estable. En Colombia se registran aproximadamente 70.000 casos anuales de niños cuyos derechos son vulnerados, y de estos, cerca de 26.000 requieren medidas de protección que los alejen temporal o permanentemente de sus entornos familiares.
La cruda realidad muestra que apenas 14.000 de estos menores tienen la fortuna de encontrar una familia sustituta que los reciba. Los demás terminan en procesos de adoptabilidad o en instituciones donde, según informes del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), el 60% sufre nuevas violencias y ve truncado su desarrollo integral.
El rostro humano de la protección
Gloria Tobar ha dedicado los últimos 34 años como madre de acogida, llegando a tener bajo su cuidado hasta 15 menores simultáneamente. "Ser mamá no siempre es gestar durante nueve meses. No llevan nuestra sangre, pero son hijos del alma", afirma con convicción. Su testimonio refleja la experiencia de miles de mujeres en Colombia que ofrecen afecto y estabilidad a niños cuyas historias están marcadas por el abandono, la violencia física o el abuso sexual.
Los estudios del ICBF revelan datos alarmantes: en el 85% de los casos de violencia sexual contra niñas y niños, los responsables son parientes o personas del entorno doméstico. Los expedientes de la entidad documentan situaciones extremas donde menores de un año son abandonados en basureros o encontrados en establos junto con animales.
Desafíos en el camino del cuidado
La labor de las madres sustitutas enfrenta múltiples obstáculos. El primero es emocional: la mayoría de los menores llegan con historias donde las agresiones eran la norma. "Ella nunca había escuchado un 'te quiero' ni podía estar cerca de una figura masculina por lo que vivió. Solo necesitan afecto y abrazos", explica Yelinés, quien abrió su hogar en Cali para recibir a dos menores vulnerables.
El segundo desafío, según Reyes, consiste en equilibrar el apego necesario para crear un hogar seguro con el desapego requerido para aceptar que los niños eventualmente se irán, ya sea a sus familias biológicas o, en los peores casos, a instituciones. Esta dualidad emocional representa una carga psicológica significativa para las mujeres que asumen este rol.
Realidad económica y reconocimiento limitado
A pesar de dedicar sus vidas al cuidado de niños vulnerables, estas mujeres no reciben una remuneración formal. La mensualidad de COP 1.700.000 que otorga el Estado apenas cubre los gastos básicos del menor, sin incluir compensación por su labor. Una vez que envejecen, carecen de seguridad social y de los ahorros necesarios para una pensión digna. En muchas ocasiones, deben incluso comprometer su patrimonio personal para continuar salvando vidas.
Las estimaciones actuales indican que existen aproximadamente 14.000 niños acogidos en familias sustitutas en Colombia, la mayoría lideradas por mujeres que podrían superar las 10.000. Su contribución, aunque poco visible, constituye un pilar esencial en la protección de la niñez colombiana.
La gratificación que trasciende lo material
Para Gloria Tobar, la motivación fundamental reside en el cariño y la satisfacción de salvar vidas. "No es un trabajo, pero le dedicamos toda la vida, y esa es la mejor contribución que podemos hacerles a Colombia y a los niños: sacarlos de esas historias y cuidarlos hasta que sean adultos funcionales", concluye con determinación.
Su testimonio y el de miles de mujeres como ella revelan que, más allá de los desafíos económicos y emocionales, existe una fuerza transformadora en el amor y la dedicación. Mientras Colombia continúa enfrentando las violencias contra la niñez, estas madres de acogida representan un faro de esperanza que demuestra que otro futuro es posible cuando hay personas dispuestas a abrir sus hogares y sus corazones.



