El doloroso camino de una madre colombiana revictimizada por la retórica política
En Colombia, una madre enfrenta actualmente no solo el devastador duelo por la pérdida de su hijo de siete años, sino también la insólita revictimización que surge de discursos políticos que buscan culpar a las víctimas en lugar de asumir responsabilidades institucionales. Esta situación refleja un patrón preocupante en el panorama político nacional, donde las narrativas falsas y las posverdades han reemplazado el análisis serio y la empatía genuina.
La transformación del discurso político: de la crítica constructiva al fanatismo
Lo que alguna vez fue un debate político matizado y fundamentado ha degenerado en un intercambio de acusaciones vacías y generalizaciones peligrosas. El profesor Ricardo Silva Romero describe este fenómeno como "dar la vuelta al bobo": un giro completo de 360 grados donde se pasa de reconocer problemas específicos a caer en simplificaciones extremas que no aportan soluciones reales.
"Hemos dado la vuelta al bobo, 360 grados, hasta ser testigos de un jefe de Estado que con tal de defender su relato altisonante e inverosímil es capaz de culpar a una mamá por la muerte de su niño hemofílico", señala Silva Romero en su análisis.
El caso concreto: Kevin Acosta y el sistema de salud
El caso de Kevin Acosta, el niño hemofílico de siete años cuya muerte ha conmocionado al país, se ha convertido en un símbolo de esta problemática. En lugar de un examen honesto sobre las fallas del sistema de salud colombiano, lo que predomina es una retórica que busca:
- Culpar a las víctimas y sus familias
- Revelar información médica confidencial sin consentimiento
- Desviar la atención de las responsabilidades gubernamentales
- Crear narrativas falsas para defender políticas fallidas
Esta situación ha llevado a que la madre de Kevin no solo enfrente su dolor personal, sino que además deba lidiar con acusaciones públicas injustas y la exposición de la historia clínica de su hijo ante seguidores políticos que no comprenden la complejidad del caso.
La respuesta ciudadana: organizaciones sociales como contrapeso
Frente a esta realidad, la ciudadanía colombiana ha comenzado a fortalecer sus propios mecanismos de defensa. Organizaciones como Acolfupro, Dejusticia, Fecoer, la Mesa por la Vida y la Salud de las mujeres, y la Moe se han convertido en pilares fundamentales para proteger derechos que el Estado debería garantizar.
Estas asociaciones ciudadanas realizan el trabajo que corresponde a instituciones estatales que han sido secuestradas por intereses políticos coyunturales, demostrando que la sociedad civil puede organizarse para defender conquistas sociales históricas que están siendo saboteadas.
La decepción con las promesas de transformación
Lo más doloroso de esta situación, según analistas, es que muchos colombianos creyeron legítimamente que un gobierno de izquierda representaría una oportunidad para:
- Cumplir las promesas pendientes de la democracia colombiana
- Transformar el modo violento de hacer política
- Avanzar hacia una verdadera reconciliación nacional
- Crear una administración que trabajara para todos los ciudadanos
Sin embargo, la realidad ha demostrado que se ha caído en los mismos patrones de negación, culpa a las víctimas y defensa de narrativas inverosímiles que caracterizaron a gobiernos anteriores.
El camino hacia una ciudadanía más madura
Paradójicamente, esta situación de revictimización y discursos vacíos podría estar llevando a la sociedad colombiana hacia una adultez política más sólida. Los ciudadanos están aprendiendo que no esperar nada de ciertos sectores políticos no significa dejar de denunciar sus acciones ni de exigir responsabilidades.
"Quizás estemos volviendo, dolidos e ilustrados, a la idea de que 'la mayoría de los políticos trabajan para sí mismos', pero también estemos llegando a una adultez en la que no esperar nada de esos mercachifles no signifique dejar de denunciarlos", reflexiona Silva Romero.
Esta madurez se manifiesta en una ciudadanía que fortalece sus propios mecanismos para hacer cumplir derechos y defender conquistas sociales, reconociendo que el cambio real no vendrá necesariamente de las estructuras políticas tradicionales sino de la organización y la presión social constante.