37 años después, hija recibe título póstumo de madre desaparecida en la UIS
Hija recibe título póstumo de madre desaparecida en la UIS

37 años de espera culminan con un diploma póstumo en la UIS

La ceremonia de graduación de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Industrial de Santander (UIS) se convirtió en un acto de memoria y reparación histórica. Después de casi cuatro décadas de incansable exigencia familiar y colectiva, Carmenza Landazábal Rosas recibió de manera póstuma su título de Trabajadora Social, un reconocimiento que simboliza la lucha contra el olvido y la impunidad.

El sueño materno que persistió más allá de la ausencia

La madre de Carmenza siempre imaginó el diploma de su hija presidiendo el hogar familiar. Sin embargo, la desaparición forzada de su hija en 1988 truncó ese anhelo. Falleció años atrás sin ver realizado su deseo, pero su legado perdura en la tenacidad de su nieta, quien siendo apenas una bebé de cinco meses cuando desapareció su madre, hoy encarna la continuidad de esa lucha familiar.

Carmenza, originaria de Tona, Santander, era una estudiante comprometida de Trabajo Social en la UIS durante la década de 1980. A pesar de las limitaciones económicas que enfrentaba su familia, su determinación por formarse nunca flaqueó. Su activismo social y político la llevó a militar abiertamente en el Frente Estudiantil Revolucionario - Sin Permiso, organización vinculada al movimiento político A Luchar.

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Una líder estudiantil con profunda vocación comunitaria

Su labor trascendía las aulas universitarias. Carmenza participaba activamente en procesos de educación popular en barrios del norte de Bucaramanga, Piedecuesta y Floridablanca. Formó parte de las mesas de negociación del Paro del Nororiente y contribuyó a la fundación del Cetras, un centro de estudios creado cuando la universidad carecía de una biblioteca adecuada.

"Era una estudiante que dedicaba parte de su tiempo a la maternidad, pero mucho más al trabajo con las comunidades", recuerda Aura María Díaz, de la Asociación Guardianes de la Memoria. "Organizaban jornadas de alfabetización y buscaban alimentos para familias de sectores populares durante los fines de semana".

Su liderazgo social era reconocido, pero su militancia política generaba tensiones. Algunos informes universitarios de la época sugerían que su activismo era incompatible con la carrera de Trabajo Social, reflejando el clima de persecución que enfrentaban los movimientos estudiantiles.

La desaparición que marcó una familia y una generación

El 17 de octubre de 1988 cambió todo. Carmenza había viajado días antes con su pareja, Oswaldo Enrique Gómez, y su hija de cinco meses a visitar a su madre en Tona. De regreso en Bucaramanga, salieron a buscar pasajes para viajar a Barranquilla, dejando a la bebé en casa con la promesa de regresar con leche para su tetero. Nunca volvieron.

Testimonios recogidos posteriormente indican que la pareja fue golpeada y obligada a subir a una camioneta similar a las utilizadas por operarios de una empresa telefónica. Desde ese momento, se convirtieron en parte de las decenas de estudiantes, profesores y trabajadores universitarios desaparecidos en Santander entre 1984 y 1990.

"Mi mamá ese término de desaparecido casi nunca lo entendió porque no se sabe dónde están y es toda una confusión para la familia", relata su hermano Hernando Landazábal, evidenciando el dolor persistente de las víctimas del conflicto.

La lucha judicial y la búsqueda incansable

La investigación por desaparición forzada de Carmenza se inició en 2012, pero hasta la fecha no registra avances significativos ni respuestas claras sobre lo ocurrido. Organizaciones de derechos humanos han señalado la posible existencia de una fosa común en el aeropuerto Palonegro de Bucaramanga, donde se han buscado restos humanos sin resultados concluyentes.

"Con la Unidad de Búsqueda (UBPD) hemos estado pendientes de los restos hallados allí, esperando saber si alguno corresponde a Carmenza", explica Aura María Díaz. "A día de hoy, seguimos buscándola".

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El reconocimiento universitario como acto de reparación

Durante años, familiares, organizaciones sociales, colectivos estudiantiles y defensores de derechos humanos mantuvieron viva la memoria de Carmenza. El Colectivo Sin Permiso, creado en 2016 en honor al movimiento estudiantil de esa época, impulsó actos de memoria, movilizaciones y plantones dentro de la UIS.

Finalmente, en 2025, la universidad aprobó el Acuerdo 281, mediante el cual se concede el título póstumo a Carmenza Landazábal Rosas como medida simbólica de reparación y reconocimiento a su liderazgo social y estudiantil. La institución había nombrado previamente dos auditorios con su nombre: uno en el edificio antiguo de Ciencias Humanas en 2022 y otro en el nuevo edificio en 2025.

Un diploma que cierra un ciclo y abre la memoria

La hija de Carmenza, aquella bebé que esperó inútilmente el regreso de su madre, recibió hoy el diploma que simboliza 37 años de resistencia familiar. El título que su abuela soñó ver colgado en la casa finalmente existe, aunque quienes más lo anhelaban ya no estén físicamente para presenciarlo.

Este acto no solo representa la culminación de una lucha académica, sino que se erige como un testimonio contra el olvido sistemático. Mientras el proceso judicial continúa abierto y la búsqueda de restos persiste, el diploma póstumo de Carmenza Landazábal se convierte en un documento de memoria que desafía la impunidad y honra a todas las víctimas de desaparición forzada en Colombia.