Chocó: El drama silencioso del confinamiento forzado que afecta a miles de familias
Confinamiento forzado en Chocó: drama silencioso que afecta a miles

El drama silencioso del confinamiento en Chocó: una realidad cotidiana de miedo y resistencia

En el departamento de Chocó, cerrar la puerta, correr el cerrojo y permanecer dentro de casa se ha convertido en una estrategia de supervivencia para miles de habitantes. Rodrigo Martínez, líder social de 44 años, aprendió esta lección a sus 20 años y desde entonces ha perdido la cuenta de las veces que ha tenido que encerrarse para esquivar la muerte. El confinamiento forzado se ha enquistado en el territorio como un drama silencioso que afecta a comunidades enteras.

Las cifras que revelan la magnitud de la crisis

Las estadísticas de la Defensoría del Pueblo confirman la gravedad de esta situación. En 2025, Chocó fue el departamento con más víctimas de confinamiento en Colombia, con 23.645 personas afectadas, un impacto que alcanzó a 6.583 familias. Solo durante los dos primeros meses del año, la entidad registró 1.960 personas confinadas en este territorio, lo que representa aproximadamente el 8,3% de los casos de todo el año anterior.

Rodrigo Martínez, representante legal de la Asociación Colectivo Cimarronaje Chocó, habla con una naturalidad pasmosa sobre estas cifras: "En el departamento de Chocó, diría que el 70% de las comunidades vivimos confinadas la mayor parte del tiempo. Cuando hay paros armados, ahí permanecemos también confinados, porque automáticamente nos confinan".

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La humillación de vivir encarcelado en casa propia

El padre Jesús Albeiro Parra Solís, quien ha dedicado su trabajo a la defensa de los derechos humanos de comunidades negras e indígenas en Chocó, encuentra la palabra precisa para describir esta realidad: humillante. "El confinamiento está totalmente invisibilizado. Se vuelve lo más normal para las comunidades, pero cuando uno lo vive es profundamente humillante, ese es el término. Es inhumano, es como estar encarcelado dentro de la propia casa", afirma con convicción.

El más reciente paro armado, impuesto por el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en el municipio de Bajo Baudó el pasado 18 de marzo, duró seis días y dejó a más de 6.000 personas sin posibilidad de movilizarse, evidenciando cómo estas medidas violentas se han normalizado en la región.

Las múltiples causas del confinamiento forzado

Para la población de Chocó, el confinamiento se convierte frecuentemente en una decisión consciente, un acto de resistencia marcado por el miedo. La disputa territorial entre grupos armados es uno de los principales factores, con el Clan del Golfo penetrando cada vez más en regiones como el Bajo Atrato, Quibdó, Istmina y otras cabeceras municipales.

El padre Parra explica: "Los confinamientos no solamente son por las amenazas de estos anuncios de paro armado del ELN, sino también por miedo de quedar en la disputa territorial". A estas confrontaciones se suman otros factores identificados por la Defensoría del Pueblo:

  • Reclutamiento de menores de edad
  • Ataques con minas antipersona
  • Pérdida de bienes y propiedades
  • Incursiones armadas en comunidades
  • Actos terroristas explosivos

El terror de las minas antipersonal

Rodrigo Martínez destaca que el miedo a las minas antipersonal es uno de los factores que más condena a la población civil al confinamiento. "Hoy el tema de esas minas también deja a nuestras comunidades confinadas, porque el índice de afectación es muy alto. El departamento de Chocó es el cuarto con más afectación a nivel del país", explica el líder social, quien en 2012 fue víctima de uno de estos artefactos en el municipio de Sipí, donde perdió su pierna derecha.

Frente a este drama, Martínez denuncia que la institucionalidad no va más allá de entregar raciones de comida que alcanzan para siete o quince días. "Por eso, muchas familias quedan expuestas a volver a caer en una mina antipersonal, porque al tener cuatro o cinco hijos llorando, aguantando hambre, toca exponernos a que una mina nos pueda afectar, porque no hay otra alternativa".

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El arraigo como factor de permanencia

El arraigo a la tierra y la vida construida en lo propio explican por qué, en medio del conflicto armado, desplazarse forzadamente ni siquiera es considerada una posibilidad por muchas familias. "Muchas veces no hay forma de salir, pero otras veces es porque cuando salimos a otras ciudades salimos a engrosar el cordón de miseria. Nuestra felicidad está en esas dos tablas, en esas dos láminas de zinc, en esa choza donde nosotros vivimos", afirma con emotividad.

Los efectos devastadores en la vida comunitaria

Quedarse, sin embargo, tiene costos profundos. Los efectos del confinamiento golpean el corazón mismo de las comunidades. El padre Parra advierte: "Es muy triste. Quedan sin poder movilizarse, sin ir a sus actividades de producción o de pancoger. En nuestras comunidades afro e indígenas la vida está en el río: allí se lava, se recoge el agua, se cocina, se vive. Y ni siquiera eso pueden hacer".

La paralización es total: no pueden ir por el plátano o la yuca, se detiene la educación, el trabajo y la vida comunitaria. No pueden reunirse ni en iglesias ni en centros comunitarios, generando una ruptura del tejido social que, según el sacerdote, es muy difícil de reparar.

Las graves afectaciones a la salud mental

Monseñor Mario de Jesús Álvarez, obispo de la Jurisdicción Eclesiástica de Istmina Tadó, es enfático sobre las afectaciones a la salud mental derivadas de formas de violencia como el confinamiento. "Las implicaciones que esto sigue teniendo para todos los habitantes del departamento de Chocó es de una tremenda desazón, un desconsuelo, una angustia. Hasta se pierden las razones para vivir en este departamento".

El prelado agrega con preocupación: "Por eso, mucha gente busca estar por fuera. La angustia de seguir viviendo acá alimenta situaciones muy críticas que llegan inclusive hasta el suicidio".

Un llamado urgente al Estado

En el contexto de fragmentación social y del dolor que genera vivir la violencia en el silencio del hogar, el padre Parra hace un llamado contundente al Estado colombiano: que ponga la mirada en las víctimas y que, cuando estas se vean obligadas a encerrarse en sus casas, no las olvide.

La situación en Chocó requiere atención urgente y medidas concretas para proteger a las comunidades que llevan años enfrentando esta realidad de confinamiento forzado, una forma de violencia que sigue siendo invisibilizada pero que marca profundamente la vida de miles de colombianos en esta región del país.