Audiencia de la JEP en Medellín: 31 exmilitares confiesan crímenes de falsos positivos en Antioquia
31 exmilitares confiesan falsos positivos en audiencia de la JEP

Audiencia de la JEP en Medellín: 31 exmilitares confiesan crímenes de falsos positivos en Antioquia

Medellín fue escenario de una de las jornadas más intensas y emotivas que ha vivido la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) en su proceso de esclarecimiento de los denominados "falsos positivos". Durante una Audiencia de Consolidación de Verdad y determinación de medidas de reparación, 31 comparecientes de la Fuerza Pública enfrentaron a las familias de las víctimas que asesinaron hace más de dos décadas en el Oriente antioqueño.

Un abrazo que simboliza el perdón

Uno de los momentos más conmovedores ocurrió cuando Rosalba Angélica Quintero de Giraldo y su hija Yésica Natalia Giraldo Marín abrazaron al teniente retirado Andrés Mauricio Rosero Bravo, quien reconoció haber ordenado el asesinato de su familiar John Darío Giraldo Quintero el 6 de septiembre de 2003, en la vereda El Jordán del municipio de Cocorná.

Entre lágrimas, Rosero Bravo expresó su arrepentimiento y aseguró que todo su ser estaba en esa audiencia para tratar de reparar el sufrimiento y el daño causado. "De parte de mi abuela y de parte mía, como muestra de nuestro perdón sincero, queremos brindarle un abrazo", dijo Yésica Giraldo antes del emotivo encuentro.

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Confesiones que revelan métodos escalofriantes

Los hechos abordados ocurrieron entre 2002 y 2004 en los municipios de San Luis, Cocorná y Granada, y dejaron 19 víctimas. Los comparecientes hacían parte del Batallón de Artillería número cuatro Coronel Jorge Eduardo Sánchez, y revelaron detalles sobre los mecanismos que usaban para seleccionar y asesinar a campesinos que luego presentaban ante sus superiores como bajas en combate.

El compareciente Andrés Rosero explicó ante los magistrados cómo operaba el sistema de señalamiento: "Unos guías indicaban quiénes supuestamente eran guerrilleros, colaboradores o milicianos, y yo tomaba las acciones subsiguientes sin cuestionar esa información". Ely de Jesús López complementó que las informaciones de los guías no se verificaban y que lo que decían era tomado como palabra de Dios.

Casos específicos que estremecieron la audiencia

El primer hecho abordado con detalle fue el asesinato de los campesinos Jairo García, Gildardo Salazar y Blanca Olivia Gómez, ocurrido el 20 de mayo de 2004 en la vereda Santa Bárbara de San Luis. Diez comparecientes, entre ellos Yamit Díaz Tovar, Nelson Enrique Úsuga Higuita y Édgar de Jesús Sánchez Restrepo, reconocieron su responsabilidad.

Sánchez Restrepo confesó que, al ver a Blanca Olivia Gómez desde lejos, supo que era una mujer de avanzada edad y que era imposible que fuera guerrillera, pero el crimen se cometió de todas formas. Fue precisamente él quien, de rodillas ante Marino Antonio Mazo Gómez, hijo de Blanca Olivia, pidió perdón por haberle quitado la vida a su madre.

La respuesta de Mazo Gómez detuvo el tiempo en la sala: "No tiene que arrodillarse porque ante quien está de rodillas es ante Dios, ya lo he perdonado y durante años oré por usted". Acto seguido, lo abrazó.

Más casos reveladores

En un segundo hecho, ocurrido el 3 de junio de 2004 en la vereda Los Mangos de Cocorná, los exmilitares relataron cómo asesinaron al campesino Germán Darío Hernández Galeano tras señalarlo falsamente como integrante de un grupo armado, e introdujeron un arma en la escena del crimen para justificar el homicidio.

Un tercer hecho, registrado el 7 de agosto de 2004 en la vereda El Molino de Cocorná, reveló detalles aún más perturbadores. Además del asesinato de los campesinos Javier de Jesús Castaño Giraldo y Jhon Jairo Quintero Vergara, uno de los comparecientes confesó que una acompañante de las víctimas fue violada frente a menores de edad, y que durante años las familias creyeron que había sido una estructura paramilitar la responsable, porque los propios militares se disfrazaron de paramilitares para engañarlas.

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Por último, los comparecientes se refirieron a un hecho ocurrido el 25 de agosto de 2003 en Cocorná, en el que cuatro integrantes del Ejército asesinaron y desaparecieron forzadamente a tres personas que aún no han sido identificadas, un proceso en el que la JEP continúa trabajando para esclarecer la verdad.

Reflexiones finales y símbolos de reconciliación

Al cierre de la audiencia, Rosero Bravo entregó simbólicamente un árbol a los familiares de otras víctimas y pidió que junto a él quedaran enterrados el dolor, el sufrimiento y el rencor, para que en sus ramas florecieran el amor, la esperanza, el perdón, la reconciliación y la garantía de no repetición.

El exteniente también reflexionó sobre el proceso restaurativo que adelanta la JEP, al señalar que "encarcelar al victimario por 40 años no devuelve la paz al corazón de las víctimas", y reconoció que, gracias al tribunal, ha podido darles la verdad que necesitaban para sanar.

Esta audiencia marca un hito en el camino hacia la verdad y la reconciliación en Colombia, demostrando que incluso en los casos más dolorosos, el diálogo y el reconocimiento de responsabilidades pueden abrir puertas hacia la sanación colectiva.