Santander: Más de 218 mil víctimas del conflicto buscan verdad y reparación en la JEP
218 mil víctimas del conflicto en Santander buscan verdad en JEP

El rostro humano detrás de las cifras del conflicto en Santander

En el departamento de Santander, las estadísticas oficiales intentan cuantificar una tragedia de dimensiones históricas. Para el año 2024, el número registrado de víctimas del conflicto armado alcanzaba la impactante cifra de 218.419 personas. Sin embargo, en la actualidad, este dato resulta insuficiente ante el recrudecimiento de la violencia que ha generado nuevas víctimas, evidenciando cómo el dolor avanza con mayor rapidez que cualquier medición estadística.

La búsqueda de verdad en la Jurisdicción Especial para la Paz

En medio de este complejo panorama, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) se ha convertido en un espacio fundamental para escuchar lo que muchos prefieren ignorar. El magistrado Mauricio García, de la Sala de Definición de Situaciones Jurídicas, lleva ocho años inmerso en historias que trascienden los expedientes judiciales para revelar el profundo impacto humano del conflicto.

"A veces la sociedad colombiana no dimensiona la gravedad de lo que ha pasado", afirma el magistrado García, quien ha presenciado cómo los relatos de homicidios, desapariciones forzadas, torturas, violencia sexual y despojo de tierras no terminan con los hechos violentos, sino que se perpetúan en las familias a través de silencios y ausencias que se vuelven permanentes.

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Audiencias que transforman: el poder de la palabra

En las audiencias de la JEP, víctimas y comparecientes se enfrentan en un ejercicio que trasciende lo jurídico para convertirse en un encuentro profundamente humano. La reconstrucción de los hechos y la nominación del daño se transforman, para muchos, en una forma de liberación emocional.

"Es una catarsis", explica el magistrado García, destacando cómo la verdad no solo esclarece los hechos, sino que confronta a los responsables con el dolor causado y permite a las víctimas comprender lo que durante años resultó incomprensible.

Los avances procesales son significativos:

  • La Sala de Definición de Situaciones Jurídicas ha realizado 50 audiencias previas por cincuenta y un hechos victimizantes en Santander
  • Se han llevado a cabo cuatro audiencias de informe con participación activa
  • Han comparecido 157 personas por hechos ocurridos contra 80 víctimas directas
  • Se registran dos renuncias a la persecución penal

La resiliencia de las mujeres: un ejemplo de fortaleza

Entre todas las historias, aquellas protagonizadas por mujeres han dejado una marca profunda en el magistrado García. Madres y esposas que, incluso después de perderlo todo, continúan buscando respuestas incansablemente.

"Ahí uno se pregunta hasta dónde llega el amor de una madre por su hijo", reflexiona el magistrado, quien ha sido testigo de cómo estas mujeres convierten la búsqueda de la verdad en una forma de resistencia frente al miedo y el dolor.

Para García, estas experiencias representan "una enseñanza de vida" que revela una capacidad casi inexplicable para encontrar fortaleza en medio del sufrimiento más profundo.

El camino hacia la reconciliación

Después de cada audiencia, el magistrado reconoce salir agotado física y mentalmente, pero también transformado por haber presenciado gestos que parecían imposibles: víctimas que perdonan, que abrazan a quienes les arrebataron a sus seres queridos, que hablan desde una espiritualidad que no borra el dolor pero lo resignifica.

"El camino de las víctimas es el de la resiliencia, el del perdón, el de la reconciliación", reflexiona García sobre un proceso lleno de contradicciones pero también de posibilidades transformadoras.

Colombia, reconoce el magistrado, ha vivido demasiado tiempo atrapada en ciclos de violencia que involucraron a guerrillas, paramilitares, agentes del Estado y a una sociedad que en ocasiones normalizó lo inaceptable. Romper este ciclo no depende exclusivamente de los tribunales, sino que constituye una tarea colectiva que requiere persistencia incluso cuando el proceso parezca lento o insuficiente.

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Como advirtieron delegados de Irlanda, país que también atravesó décadas de conflicto, no se debe permitir que la sociedad renuncie a la verdad. La paz, concluye García, no es un decreto ni una sentencia, sino una decisión colectiva donde el ejemplo de las víctimas que no dejan de buscar se convierte en una de las fuerzas más poderosas para sostener el camino hacia la reconciliación nacional.