El gobierno de Donald Trump ha masacrado en altamar al menos a 179 personas sin saber con certeza quiénes son ni qué hacían, según una investigación del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (El CLIP). Las víctimas viajaban en precarias lanchas por el mar Caribe y el océano Pacífico. Muchas de ellas pertenecen a una capa social de rebuscadores caribeños: pescadores, mototaxistas, ayudantes de lancha o cuidadores de ganado. Son personas en situación de precariedad que se desplazan entre pueblos de la costa venezolana o trinitense en busca de oportunidades.
Investigación revela bombardeos indiscriminados
El trabajo periodístico, publicado el 12 de mayo, contó con el apoyo de medios aliados en Colombia, Venezuela, Trinidad y Tobago, y periodistas freelance de República Dominicana, Ecuador, Costa Rica y México. Es la investigación más completa realizada hasta la fecha sobre este tema, que en América Latina no se había abordado a fondo por temor a represalias de Estados Unidos. Los gobiernos de los países de origen de las víctimas temen que, si denuncian los ataques, Trump responda con aranceles, cancelación de visas o sanciones financieras.
Reacciones militares en América Latina
Sin embargo, entre los estamentos militares latinoamericanos hay rumores de satisfacción. Un académico de la Universidad Militar Nueva Granada señaló en febrero que, aunque no consideran los ataques como la estrategia adecuada, a algunos altos oficiales les agrada el cambio radical en la actitud de Estados Unidos. Consideran que era necesario un sacudón que removiera una dinámica fosilizada.
Caos en la aviación comercial
La investigación reveló que la Aeronáutica Civil colombiana recibió 18 reportes de seguridad operacional por parte de vuelos comerciales debido a bombardeos y acciones aéreas de Estados Unidos contra embarcaciones en aguas colombianas. Un vuelo con capacidad para 180 pasajeros que viajaba entre Bogotá y Aruba sufrió fallos en el GPS y el reloj al sobrevolar La Guajira, desapareciendo de las pantallas de control de tierra. Los sistemas continuaron fallando hasta el aterrizaje en Aruba.
Argumentos de la extrema derecha
Quienes defienden las acciones de Estados Unidos argumentan que los traficantes de drogas deben ser eliminados, sin respetar sus derechos humanos. Esta postura nace de una cruel desesperación y de fracturas éticas que dividen el mundo entre quienes merecen ser tratados como humanos y quienes deben ser eliminados. Se habla de que estos actos constituyen un delito de lesa humanidad, e incluso un crimen de guerra en el caso de una lancha bombardeada dos veces. No hay pruebas sólidas de que las víctimas llevaran drogas, y aunque así fuera, el procedimiento correcto sería la interdicción y el arresto, no la muerte.
Contradicciones en la lucha antidrogas
Mientras personas de escasos recursos en las zonas más pobres del Caribe y el Pacífico reciben bombas del ejército más poderoso del planeta, los barcos que transportan cientos de kilos de cocaína son interceptados y su tripulación apresada. El 2 de septiembre de 2025, mientras bombardeaban una lancha con 11 personas cerca de Trinidad y Tobago, las autoridades colombianas y dominicanas decomisaron una embarcación con 448 kilos de cocaína y capturaron a dos personas. Como dice el subtítulo del reportaje: “Para los grandes cargamentos, justicia. Para los pequeños, bombas”.



