Exclusión de Colombia del Escudo de las Américas revela falla estratégica en lucha antidrogas
La reciente conformación del "Escudo de las Américas", una coalición impulsada por Estados Unidos que reúne a 17 países para combatir el narcotráfico y el crimen organizado, ha dejado una notable ausencia: Colombia. Esta exclusión no es meramente protocolaria, sino que refleja una profunda divergencia en los enfoques para enfrentar un problema que, según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), afecta a 296 millones de personas en todo el mundo.
El consumo: el gran ausente en la ecuación antidrogas
Mientras la coalición se enfoca en la oferta de drogas ilícitas, el consumo continúa siendo el componente más desatendido de esta compleja ecuación. Según la UNODC, en 2023 aproximadamente el 5.8% de la población global entre 15 y 64 años utilizó alguna sustancia ilícita. Sin embargo, esta cifra palidece ante la realidad estadounidense, donde la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reporta un consumo cercano al 25%, es decir, entre cuatro y cinco veces superior al promedio mundial.
"Se sigue tratando el fenómeno como un problema meramente policial o judicial, y no como una amenaza estratégica que justifique una cooperación contundente para disminuir la demanda", señalan analistas. Incluso, Estados Unidos ha llegado a comparar el modelo de esta coalición con el despliegue militar utilizado contra el Estado Islámico, definiendo así una hoja de ruta centrada en la militarización contra los narcotraficantes, sin asumir responsabilidad alguna frente a la reducción del consumo en su propio territorio.
Colombia: de aliado estratégico a socio excluido
La exclusión de Colombia del Escudo de las Américas marca un cambio de enfoque significativo por parte de Washington. Pasamos de ser el aliado estratégico a través del Plan Colombia a un socio menos activo en esta nueva configuración. Esta transición representa:
- Una disminución en los apoyos y recursos destinados a la lucha antidrogas
- La confirmación de un quiebre en la confianza política bilateral
- La falta de afinidad estratégica entre las visiones de ambos países
"Estados Unidos está esperando una nueva realidad política en nuestro país antes de vincularnos formalmente al 'Escudo de las Américas'", explica un analista internacional. Sin embargo, esta postura resulta paradójica considerando que Colombia es el país con la mayor área de cultivos de coca en el mundo y gran parte de la guerra hemisférica contra los carteles ocurre en nuestro territorio.
La visión de la Paz Total frente a los criterios de Trump
Existe una evidente desarticulación entre la visión de "Paz Total" del presidente Gustavo Petro y los criterios del expresidente Donald Trump para enfrentar el narcotráfico. En Colombia, atacar a los narcotraficantes demanda una enorme cantidad de recursos militares, económicos y estratégicos que hoy no están alineados con las prioridades estadounidenses.
Tras el encuentro Petro-Trump, reina una quietud expectante ante las definiciones políticas que se tomen en Colombia. Mientras tanto, Estados Unidos ha asumido un papel de víctima impotente ante el narcotráfico, mientras Colombia carga con el estigma de la culpa y marca distancia de las nuevas estrategias hemisféricas.
Hacia un enfoque integral: educación como herramienta clave
Expertos insisten en que la lógica actual es incompleta. "Lo lógico sería convocar a universidades, colegios y a todo el sistema educativo a una gran cruzada nacional para reducir el consumo, que es el verdadero combustible del narcotráfico", argumentan. La disminución del consumo debe ser parte fundamental de la arquitectura de seguridad del continente, un aspecto que hasta ahora ha sido sistemáticamente ignorado en las estrategias internacionales.
Es hora de que Estados Unidos acepte su responsabilidad y ataque frontalmente el consumo dentro de sus fronteras, pues son los mayores consumidores a nivel global. Mientras tanto, Colombia, excluida de la principal coalición antidrogas del hemisferio, enfrenta el desafío de demostrar que su enfoque integral -que combate tanto la oferta como la demanda- puede ser más efectivo que las estrategias puramente militarizadas.



