Un nuevo estudio publicado en la revista Journal of Geophysical Research sugiere que el volcán Etna, uno de los más activos de Europa, podría tener un origen distinto al de otros sistemas volcánicos conocidos, lo que aportaría claves para entender su comportamiento eruptivo.
Origen diferente al de otros volcanes
De acuerdo con la investigación liderada por geólogos de la Universidad de Lausana, el Etna presenta un mecanismo de formación comparable al de pequeños volcanes submarinos, aunque a una escala mucho mayor. El estudio señala que la actividad del volcán comenzó hace aproximadamente 500.000 años y que actualmente supera los 3.000 metros de altura sobre el nivel del mar.
Este hallazgo contribuye a explicar la frecuencia de las erupciones del Etna, que se registran varias veces al año, y ofrece nuevas herramientas para que instituciones como el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología (INGV) puedan evaluar con mayor precisión los riesgos asociados.
Un comportamiento que desafía los modelos clásicos
El Etna ha sido ampliamente estudiado debido a su intensa actividad, pero hasta ahora no encajaba completamente en ninguno de los tres modelos principales de formación volcánica. No se ubica directamente en el límite entre placas tectónicas, ni corresponde a un volcán de subducción como el monte Fuji en Japón, ni a un volcán de punto caliente como los de Hawái.
Aunque se encuentra cerca de una zona de subducción, su composición química se asemeja más a la de volcanes de punto caliente. Sin embargo, en su entorno no existen estructuras que respalden esta clasificación, lo que ha generado interrogantes sobre su origen.
Evidencias a partir del análisis de lava
Los investigadores analizaron muestras de lava para estudiar su evolución química desde la formación del volcán hasta la actualidad. Los resultados mostraron que la composición del material erupcionado se ha mantenido prácticamente constante, a pesar de los cambios en el contexto tectónico.
Según el estudio, el Etna se alimenta de pequeñas cantidades de magma ubicadas en el manto superior, a unos 80 kilómetros de profundidad. Este magma asciende de manera intermitente hacia la superficie debido a complejos movimientos tectónicos asociados principalmente a la colisión entre las placas africana y euroasiática.
El profesor Sébastien Pilet, de la Facultad de Geociencias y Medio Ambiente de la Universidad de Lausana, explicó que el Etna podría pertenecer a una categoría denominada volcanes 'petit-spot', identificada por primera vez en 2006 por geólogos japoneses. Esta clasificación ayudaría a comprender mejor la dinámica eruptiva del volcán y a predecir futuras erupciones con mayor exactitud.



