Catatumbo: Comunidades denuncian amenazas, extorsiones y encierro por grupos armados
En la región del Catatumbo, las comunidades están viviendo una situación crítica, denunciando amenazas, extorsiones y un encierro prácticamente total impuesto por grupos armados ilegales. Sectores como Pacheli se han convertido en zonas donde los habitantes permanecen bajo estrictas reglas de estos grupos, limitando su libertad de movimiento y sumiéndolos en un clima de miedo constante.
Escalada de violencia y desplazamiento forzado
Desde el 23 de diciembre de 2025, la guerra en el Catatumbo ha escalado, generando un nuevo ciclo de violencia y desplazamiento masivo. Según cifras locales, aproximadamente 2.700 personas han sido obligadas a abandonar sus hogares, incluyendo a 230 menores de edad. Esta crisis humanitaria afecta profundamente la educación, con 1.400 niños que no han podido regresar a clases, mientras otros intentan retomar una normalidad en medio del temor y la incertidumbre.
La confrontación ha adquirido nuevas dimensiones con el uso de drones por parte de los grupos armados, incrementando la preocupación de las comunidades locales. En paralelo, persiste la incertidumbre sobre si los combatientes del ELN se trasladarán desde Venezuela hacia las zonas de transición ofrecidas por el Gobierno colombiano, o si, como anunció el comandante del ELN, se conformará un gran bloque para enfrentar lo que denominan "imperialismo", con repercusiones directas en la estabilidad del Catatumbo.
Testimonios desgarradores desde el territorio
Los testimonios de los habitantes reflejan el drama humano detrás de las frías estadísticas. Una madre relató cómo cuatro hombres armados irrumpieron en su casa para amenazar a su hijo, un agricultor de palma, exigiéndole abandonar la región en cuestión de horas. "Lo único que le digo es eso, tiene una hora para que desaparezca", le advirtieron los agresores, dejando a la familia en estado de shock y desesperación.
Historias similares se repiten en veredas y caseríos de la región, donde las familias se ven forzadas a dejar atrás animales, cultivos y años de trabajo arduo. "Toda mi vida he trabajado allá, y ahora me toca huir con lo poco que puedo cargar", expresó otra víctima del desplazamiento, ilustrando la pérdida de patrimonio y estabilidad que enfrentan miles de personas.
Las comunidades también denuncian extorsiones mediante el cobro de "vacunas" y restricciones severas de movilidad impuestas por los grupos armados, que incluso revisan celulares y controlan horarios de salida, creando un ambiente de opresión total.
Comunidades atrapadas entre la guerra y el silencio
El temor en el Catatumbo no solo proviene de quedar en medio del fuego cruzado, sino también de la vulnerabilidad de grupos específicos como los jóvenes y las mujeres, quienes enfrentan riesgos elevados de violencia sexual y reclutamiento forzado. En sectores como Pacheli, los habitantes permanecen prácticamente encerrados, sin libertad para moverse o tomar decisiones básicas sobre sus vidas.
La población clama por paz y respeto a su derecho a vivir en tranquilidad. "Yo lo que digo es que nos dejen vivir en paz, que trabajen, que no nos quiten lo que hemos construido con esfuerzo", expresó un campesino de 70 años, resumiendo el anhelo de miles de personas afectadas por el conflicto.
Sin embargo, la presencia de la fuerza pública es vista con ambivalencia: mientras algunos la añoran como una forma de protección, otros temen represalias de los grupos armados que los obligan a actuar contra los soldados, colocándolos en una posición de extrema vulnerabilidad y dilema moral.



