Crisis en la aviación militar colombiana tras accidente del Hércules FAC-1016
La caída del Hércules FAC-1016 en Puerto Leguízamo, Putumayo, el pasado 23 de marzo, que cobró la vida de 70 militares, ha desnudado una profunda crisis operativa en la aviación militar colombiana. La tragedia no solo enlutó al país, sino que abrió interrogantes sobre el estado real de la flota aérea y su capacidad para cumplir misiones estratégicas.
La historia humana detrás de la tragedia
Entre las víctimas se encontraba Jeison Mena Hurtado, un soldado profesional de 29 años oriundo de Palmira, Valle del Cauca. Conocido como "Don Risitas" por su carácter alegre, Mena había llamado a su madre esa mañana para anunciar su traslado a Bogotá, ilusionado con nuevos proyectos que incluían comprar una casa para su progenitora. Minutos después del despegue, el gigante de acero se precipitó a tierra, silenciando para siempre sus risas y las de otros 69 compañeros.
"Él era un hombre ejemplar, un protector que siempre enviaba detalles a sus sobrinos. Tuvo un final muy duro para alguien que quería tantas cosas", lamentó su hermana Dayana. La tragedia dejó un vacío incalculable en comunidades como los barrios Manuel José Ramírez y El Berlín de Pradera, donde Mena creció, pero también evidenció grietas en la estructura de seguridad nacional.
Radiografía de una flota en crisis
Según Carlos Soler, uniformado retirado y exsecretario de Seguridad de Cali, la capacidad operativa de la aviación militar colombiana ha disminuido en un 50%, afectando tanto aeronaves de ala fija como helicópteros. "Las aeronaves tienen unas horas de vuelo y, cada cierto tiempo, deben someterse a inspecciones técnicas rigurosas. Si no hay recursos para esos mantenimientos, no pueden seguir operando", explicó.
El problema, según Soler, no radica únicamente en la antigüedad de los equipos -los Hércules tienen entre 30 y 35 años-, sino en la reducción sostenida del presupuesto para mantenimiento. Esta situación ha generado un efecto dominó: menos aeronaves disponibles implica mayor carga operativa sobre las que siguen en servicio, acelerando su desgaste y poniendo en riesgo las operaciones.
Capacidad operativa limitada
Actualmente, la flota de aviones Hércules opera con solo dos aeronaves activas (FAC-1005 y FAC-1018), mientras otras dos (FAC-1015 y FAC-1017) se encuentran en mantenimiento programado. Esto significa que una parte sustancial de la movilidad estratégica del país -transporte de tropas, evacuaciones médicas, carga logística y misiones humanitarias- depende de un número reducido de aeronaves.
La situación es aún más crítica en la aviación del Ejército: de los 19 helicópteros MI-17 rusos, encargados de mover logística y alimentos, todos están en tierra. Esta parálisis ha obligado a que los Black Hawk asuman toda la carga operativa, provocando que estas aeronaves se desgasten el doble o el triple de rápido. De los 74 Black Hawk disponibles, solo están volando 45.
Factores técnicos y humanos
El coronel Alberto Romero, excomandante de la Brigada 30 del Ejército, introduce un aspecto clave: "Un avión no deja de ser útil por el tiempo de construcción, sino por las horas que ha volado y el mantenimiento que ha recibido. Hay aeronaves con décadas de servicio que siguen operando de manera segura porque cumplen con todos los estándares técnicos".
Juan Pablo Yepes, piloto instructor de Hércules, sostiene que la investigación del accidente debe considerar múltiples variables: "Factores como la temperatura, el combustible a bordo, una posible falla de motor inmediatamente después del despegue o incluso la vegetación circundante pudieron ser determinantes". Aunque reconoce que el sobrepeso es una hipótesis válida, insiste en que corresponde a la Fuerza Aeroespacial Colombiana determinar las causas exactas.
Consecuencias del desorden presupuestal
Yepes, retirado desde 2018, advierte sobre las consecuencias del actual "desorden presupuestal" en la fuerza. "La falta de repuestos no solo implica una pérdida de capacidad operativa, sino que genera riesgos directos para la seguridad operacional, al afectar el entrenamiento continuo de las tripulaciones", explica.
Según datos de GlobalMilitary, Colombia se ubica en el puesto 39 en la clasificación mundial de fuerza aérea, con 437 aeronaves. Sin embargo, estas cifras contrastan con la realidad operativa: una flota exigida al máximo, con procesos de mantenimiento lentos que requieren enviar turbinas a Estados Unidos y entrar en turnos de espera con empresas como Sikorsky.
Balance y perspectivas
A pesar del panorama desalentador, la Fuerza Aeroespacial Colombiana insiste en que la operación no se ha detenido. Tras el accidente del FAC-1016, la institución activó inmediatamente otra aeronave Hércules para garantizar el traslado de personal médico y continuar con misiones estratégicas.
La FAC destaca que el equipo Hércules ha sido fundamental para el país: en 2025 trasladó a más de 17.000 personas y en lo que va de 2026 ya ha transportado 4.800 pasajeros y 476 toneladas de carga. Sin embargo, expertos coinciden en que, aunque los Hércules aún pueden operar con seguridad con mantenimiento adecuado, el país debe empezar a planear su reemplazo a mediano plazo.
La tragedia del FAC-1016 sirve como recordatorio amargo de que cuando la aviación militar falla, lo que se desploma no es solo metal, sino los proyectos de quienes lo dieron todo por servir al país, como lo hicieron Jeison Mena y 69 uniformados más, vidas truncadas en segundos que exigen respuestas y soluciones estructurales.



