Inundaciones en Córdoba: tragedia silenciosa que fragmenta familias y amenaza con crisis sanitaria
Inundaciones en Córdoba: tragedia silenciosa y crisis sanitaria

Inundaciones en Córdoba: una tragedia silenciosa que desbordó la cuenca del Sinú

Las comunidades que habitan en la cuenca del río Sinú, desde Tierralta hasta San Bernardo del Viento, enfrentan una emergencia sin precedentes por inundaciones que comenzó la noche del 6 de febrero de 2026. A diferencia de eventos anteriores, como el desbordamiento de 1988, esta tragedia ha superado todas las expectativas, dejando a miles de familias en medio de aguas que llegaron en silencio durante la madrugada.

El despertar de una pesadilla: agua que no avisa

Jairo Martínez, habitante del barrio El Dorado en Montería, relata cómo el agua se infiltró en su hogar sin previo aviso. "El agua nos llegó en silencio y de madrugada. Esto no fue una de esas crecientes de lodo y roca donde el sonido avisa. Cuando nos dimos cuenta, el agua comenzó a meterse por debajo de las puertas", explica con voz entrecortada. Su familia se fragmentó: su esposa se refugió con una hermana, su hijo con un amigo, y él se quedó a cuidar lo poco que queda bajo el agua.

Esta situación se repite en más de 70 mil familias que han perdido todo en cuestión de horas. La naturaleza arrasó con vidas de trabajo duro, ahorros y sacrificios, dejando un panorama desolador donde el llanto es el común denominador.

Emergencias que multiplican los problemas

En medio de la crisis, las autoridades decretaron toque de queda en Montería para proteger a los damnificados de ladrones que, aprovechando el caos, saquean propiedades abandonadas. Además, se han reportado casos de personas que se hacen censar ilegítimamente para acceder a ayudas humanitarias destinadas a las víctimas reales.

La tragedia también afecta a uniformados de la Policía Nacional, con una veintena de agentes que perdieron sus hogares en la urbanización Vallejo, ahora sumergida. Estos servidores públicos deben comenzar de cero, añadiendo un capítulo doloroso a la emergencia.

La magnitud del desastre: desde El Vidrial hasta La Madera

Para comprender la escala, es necesario visitar la vereda El Vidrial, en las afueras de Montería, donde el agua no ha bajado después de nueve días. Allí, familias han armado cambuches improvisados en la variante, con cocinas al aire libre y baños precarios montados con plásticos negros. La solidaridad comunitaria brilla en medio de la adversidad, pero las condiciones son extremas.

En el corregimiento de La Madera, en San Pelayo, la situación es aún más crítica. Las inundaciones incluyen aguas negras provenientes de pueblos aguas arriba, exponiendo a los residentes a olores fétidos y enfermedades. Roamir Pineda Martínez, presidente de la Junta de Acción Comunal, advierte: "Lo más alarmante es que las aguas residuales del departamento de Córdoba cayeron al canal de la Caimanera y se nos metieron al pueblo". Ya se reportan afectaciones en la piel y problemas respiratorios, con 2.500 damnificados y dos jóvenes ahogados.

Respuesta de autoridades y riesgos sanitarios

El alcalde de Montería, Hugo Kerguelén García, anunció censos puerta a puerta para identificar a las familias afectadas y garantizar el acceso a ayudas humanitarias. Hasta el momento, se han censado 33.164 personas, con 5.744 alojadas en refugios urbanos y 345 en rurales. Colegios, bibliotecas y hasta una pista de karts han sido habilitados como albergues.

Sin embargo, el médico veterinario Camilo Peña, quien colabora en labores humanitarias, alerta sobre un problema mayor: "Se viene un problema mayor, y es el sanitario, por ello es urgente establecer de forma permanente médicos y enfermeras en todos los albergues". La proliferación de dengue, enfermedades respiratorias y digestivas representa una amenaza inminente para comunidades ya vulnerables.

Impacto ambiental y económico

Albeiro Arrieta López, biólogo ambiental, explica que el medio Sinú, conformado por municipios como Montería y Cereté, está interconectado por humedales y caños como la Caimanera. La descarga de la represa Urrá I en Tierralta, combinada con condiciones climáticas extremas, exacerbó las inundaciones.

La fuerza del agua destruyó el puente sobre la quebrada Arboletes, afectando la movilidad y el comercio entre el Golfo de Morrosquillo y el centro de Córdoba. Productos agrícolas como plátanos para exportación se han perdido, y alimentos perecederos sucumben al calor, agravando la crisis económica.

Solidaridad en medio de la tragedia

A pesar del dolor, la solidaridad de los cordobeses ha surgido como un rayo de esperanza. En el Coliseo de Combate Miguel 'Happy' Lora, Camilo Peña y otros voluntarios distribuyen alimentos y ayudas para personas y mascotas, gracias a donaciones de aliados en Bogotá. "Hemos traído almuerzos y desayunos, llevamos 8 días haciendo esa labor", cuenta Peña, destacando el espíritu comunitario que persiste.

Esta tragedia, que ha dejado a barrios y veredas anegados, es solo la punta del iceberg. Cuando las aguas retrocedan, se revelarán las verdaderas proporciones del desastre, pero por ahora, la prioridad es salvar vidas y prevenir una crisis sanitaria mayor.