Violencia en Jamundí y Cauca: el santuario de las economías ilícitas
La reciente ola de violencia en el Cauca y la zona rural de Jamundí, entre el 24 y 26 de abril de 2026, dejó al menos 20 muertos y 56 heridos. Este ataque, atribuido a la estructura 'Jaime Martínez' de las disidencias de las Farc, ha sido calificado como una de las escaladas más violentas de los últimos meses. Según analistas consultados por EL TIEMPO, detrás de estos ataques no solo hay motivaciones políticas o de control territorial, sino la protección de un 'santuario' que dinamiza el narcotráfico y otras economías ilícitas en la región.
Estrategias de distracción para mover drogas
El general (r) Pedro Federico Przychodny Jaramillo, analista militar, señala que los ataques con explosivos y hostigamientos en Jamundí, Cali y Palmira buscan distraer a la Fuerza Pública para movilizar grandes cantidades de droga hacia el Pacífico o arsenales de armas. "Algo muy grande deben estar movilizando en la parte alta para emprender una oleada tan violenta en la zona baja", afirmó. Explica que las disidencias evalúan el despliegue militar y, cuando encuentran dificultades, generan distractores para obligar a las tropas a dispersarse y así mover sus cargas sin interferencias.
El santuario en la zona alta de Jamundí
En la zona montañosa de Jamundí, las estructuras armadas ejercen control territorial y económico. Allí se imparten órdenes de asonadas, extorsiones e intimidaciones. Según el general (r), la zona conecta el cañón del Micay, El Plateado, Buenos Aires, Potrerito, El Chontaduro, Pance, La Vorágine, El Queremal y Buenaventura, formando un corredor estratégico para el narcotráfico. Además, hay grandes cultivos de coca en la parte alta del municipio.
Dificultades para combatir a las disidencias
El analista militar atribuye la dificultad de combatir a estos grupos al control que ejercen sobre el acceso a la zona, sumado a la compleja geografía y la falta de tropas suficientes. "Por eso esa gente se sigue moviendo con tranquilidad", dice. Además, muchos integrantes viven en áreas pobladas, lo que les permite hostigar y desaparecer sin necesidad de campamentos guerrilleros. Solo arman campamentos cuando se movilizan entre zonas.
Más uniformados no es suficiente
Stuart León, especialista en seguridad de Jamundí, considera que la problemática va más allá de aumentar el pie de fuerza. "Fortalecer la capacidad institucional es necesario, pero no se resuelve solo con más policías", afirma. La zona rural enfrenta un control territorial por parte de estructuras armadas organizadas, lo que requiere operaciones militares, inteligencia y control permanente, competencia del Gobierno Nacional. La construcción de un batallón de alta montaña es una herramienta importante, pero no suficiente.
Condiciones que fortalecen a las disidencias
León explica que el fortalecimiento de las disidencias está conectado con vacíos históricos del Estado en la ruralidad y el desarrollo de economías ilegales. "Ya no son actores, son estructuras que buscan gobernar el territorio", dice. La zona conecta el norte del Cauca con Jamundí y corredores hacia el Pacífico, punto estratégico para el narcotráfico y el refugio de grupos ilegales. "Lo que ocurre en Jamundí no es un problema local, es de seguridad nacional", concluye.



