Las autoridades de Estados Unidos continúan con las investigaciones del ataque ocurrido en las afueras del Centro Islámico de San Diego, un suceso que dejó tres personas fallecidas. De acuerdo con reportes del medio internacional New York Post, basados en fuentes policiales, uno de los presuntos responsables fue identificado como Cain Clark, de 17 años, quien se destacó como luchador de secundaria en la preparatoria Madison.
El segundo implicado fue identificado como Caleb Velasquez, de 18 años, quien presuntamente acompañaba a Clark durante la ejecución de los disparos contra los ciudadanos. Ambos jóvenes fueron hallados sin vida por las autoridades en el interior de un automóvil BMW, a pocas calles del templo religioso donde se desató la emergencia. Los cuerpos presentaban heridas de bala autoinfligidas.
Evidencias de ideología radical en el vehículo
Dentro del automotor, los uniformados localizaron múltiples escritos de carácter antiislámico, además de inscripciones alusivas a discursos de odio plasmadas directamente sobre las armas de fuego utilizadas en la agresión colectiva. En el punto exacto donde la fuerza pública halló los cadáveres de los dos sospechosos, los agentes incautaron una escopeta y un contenedor de gasolina que lucía un adhesivo con las siglas 'SS', que representan a la organización paramilitar Schutzstaffel del régimen nazi alemán.
La fuente vinculada a la Policía informó que al menos uno de los atacantes sustrajo un arma de la vivienda de sus progenitores antes de dirigirse al centro religioso. Asimismo, el implicado redactó una nota de despedida por suicidio en la cual plasmó ideas referentes al orgullo racial.
Reacción familiar y alertas previas
David Clark, abuelo de 78 años del menor de edad involucrado, manifestó su absoluto asombro y consternación por lo ocurrido, señalando que la familia desconoce los motivos de la acción violenta. Las indagaciones previas revelan que la institución policial recibió una llamada de emergencia por parte de una madre de familia el lunes por la mañana, quien notificó la desaparición de su hijo menor de edad. La mujer detalló que el joven manifestaba conductas suicidas, vestía prendas de camuflaje, iba en compañía de otra persona y se marchó con el carro familiar junto con varias armas de fuego.
La rápida respuesta de la fuerza pública incluyó el despliegue de entre 50 y 100 agentes en la zona. La incursión violenta en la mezquita interrumpió la tranquilidad del sector, dejando un saldo de tres civiles fallecidos. Entre las víctimas se encuentra Amin Abdullah, un guardia de seguridad del complejo religioso y padre de ocho hijos, cuya oportuna reacción evitó un número superior de fatalidades. Las otras dos personas que perdieron la vida corresponden al propietario de una tienda cercana y a un ciudadano cuya identidad aún está en proceso de verificación legal.



