La desaparición de Yulitza Toloza, una mujer de 52 años que buscaba un cambio estético en el sur de Bogotá, se ha convertido en un caso de presunta negligencia médica y alteración de pruebas. Lo que ocurrió dentro de las paredes del centro Beauty Láser M. L., ubicado en el barrio Venecia, es hoy un rompecabezas de inconsistencias, sangre limpiada a las apuradas y un diagnóstico extraoficial que apunta a una lesión mortal: la perforación de un pulmón en medio de una cirugía de “garaje”.
Detalles del procedimiento
Yulitza, residente de la localidad de Bosa, confió en este establecimiento motivada por recomendaciones de conocidas y un precio que, a la luz de los hechos, resultó ser una trampa: tres millones de pesos por una lipólisis láser. El procedimiento, que según los estándares médicos requiere condiciones de asepsia quirúrgica y supervisión constante, fue realizado por un equipo de ciudadanos extranjeros bajo una sedación que, según los testigos, parecía excesiva para la intervención, según informó Blu Radio.
Testimonio de la amiga
El testimonio de una de sus mejores amigas, quien la acompañó durante la jornada del miércoles, describe una transición aterradora de la esperanza a la tragedia. Tras el procedimiento, Yulitza no despertó con la normalidad esperada. En lugar de ello, comenzó a manifestar signos clínicos de una complicación respiratoria severa. “Ella no podía respirar, me decía que le dolía mucho la espalda”, relató la testigo, quien asegura que la respuesta del personal médico fue minimizar la crisis, atribuyéndola a la edad de la paciente y a la cantidad de sedante suministrado. Sin embargo, tras consultar con médicos externos, la familia sostiene una hipótesis mucho más técnica y grave: una mala praxis con las cánulas habría perforado un pulmón de la mujer, provocando un colapso respiratorio que explicaría sus desmayos constantes y su incapacidad para oxigenar.
Alteración de la escena
La rigurosidad de la denuncia aumenta al detallar lo que ocurrió cuando la familia intentó recogerla. Al regresar al inmueble en horas de la noche, se encontraron con una escena que parecía sacada de una película de suspenso. Los rastros de sangre que la amiga había visto previamente habían sido restregados; las sábanas de la camilla fueron cambiadas por unas limpias y el bolso con las pertenencias de Yulitza ya no estaba. La celeridad con la que se intentó higienizar el lugar fue tal que, en el afán, los responsables olvidaron la historia clínica sobre un escritorio, el único documento que hoy sirve como prueba de que la mujer estuvo allí.
Desaparición de las cámaras
La desaparición de las cámaras de seguridad del centro estético es otro de los puntos que genera suspicacia entre las autoridades. Mientras la dueña del local sostiene la versión de que Yulitza se despertó a las ocho de la noche y decidió marcharse por su cuenta en un vehículo desconocido, sus allegados califican el relato de inverosímil. Médicamente, es poco probable que una paciente con compromiso pulmonar y bajo los efectos de una sedación profunda tenga la autonomía motriz para abandonar un recinto y subir a un automóvil sin asistencia.
Peligro de las clínicas de garaje
Este caso pone nuevamente sobre la mesa el peligro de las “clínicas de garaje” en la capital, donde la falta de equipos de reanimación y la ausencia de personal certificado convierten procedimientos sencillos en sentencias de muerte. La familia de Yulitza Toloza ahora clama por la revisión de las cámaras de los locales aledaños en el barrio Venecia, con la esperanza de identificar el vehículo que, según la estética, se llevó a la mujer.



