El cristianismo celebra este 14 de mayo de 2026 la Solemnidad de la Ascensión de Jesucristo, una festividad que conmemora el momento en que Jesús ascendió al cielo cuarenta días después de su resurrección. Este evento, narrado en los Evangelios y en el libro de los Hechos de los Apóstoles, marca la transición de la presencia física de Cristo a la era de la Iglesia, donde los fieles asumen la tarea de difundir el mensaje cristiano.
Fundamentos históricos y litúrgicos
La celebración de la Ascensión tiene una larga tradición que se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Figuras como San Juan Crisóstomo y San Agustín ya documentaban esta solemnidad, aunque su difusión definitiva se atribuye a San Gregorio de Nisa. Originalmente, la festividad cae en jueves, pero muchas regiones la trasladan al domingo siguiente para facilitar la participación comunitaria.
Teológicamente, la Ascensión no se interpreta como un abandono, sino como una nueva forma de presencia de Jesús a través de la fe y el compromiso misionero. La promesa del Espíritu Santo, que llegaría en Pentecostés, se presenta como la fuerza necesaria para que los discípulos lleven el Evangelio hasta los confines de la tierra.
El mandato en Galilea y el rol de la comunidad
Según el Evangelio de San Mateo, la Ascensión ocurrió en una montaña de Galilea, donde Jesús confió a los Once discípulos, un grupo imperfecto y real, la misión de hacer discípulos a todos los pueblos. El libro de los Hechos de los Apóstoles refuerza esta transición con el simbolismo de la nube, que en la tradición bíblica representa la presencia de Dios. La elevación de Jesús abre las puertas de la vida eterna y redefine la relación de los creyentes con la divinidad.
El compromiso de una Iglesia en salida
La Ascensión conlleva un mandato práctico conocido como Iglesia en salida. Lejos de una espera pasiva, la festividad insta a los creyentes a la acción y al testimonio público. Diversas congregaciones, como los Padres Dominicos de la Provincia Romana de Santa Catalina de Siena, mantienen oraciones que enfatizan la responsabilidad personal de cada fiel en la salvación del mundo, promoviendo la superación del miedo y las dificultades mediante la fe.
En este día, los cristianos reflexionan sobre el significado de la Ascensión y renuevan su compromiso de vivir el Evangelio en su vida cotidiana. La celebración incluye lecturas bíblicas, homilías y oraciones especiales, como la Oración de la Sangre de Cristo para pedir perdón, protección y fortaleza, y la Oración a la Virgen de Pompeya, que recuerda el poder del rosario y el llamado a la paz mundial.
*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de Vatican News.*



