Caso de desaparecido en Bogotá toma giro inesperado: confiesa ser "cabeza" de estafa millonaria
Uriel Andrés Barreto Díaz, cuyo rastro se había perdido en Bogotá el pasado 19 de enero, reapareció públicamente no para retomar su vida normal, sino para admitir que detrás de su desaparición se esconde el colapso de un modelo financiero fraudulento que lideró durante ocho años.
De víctima a presunto victimario
Lo que inicialmente parecía otro caso de inseguridad en la capital colombiana -su desaparición tras salir del centro comercial Titán Plaza- resultó ser la punta del iceberg de una presunta estafa piramidal que, según confesó el propio Barreto al diario El Tiempo, escaló hasta volverse "abismal y desmedida".
El esquema operaba mediante contratos a seis meses que prometían un rendimiento del 6% mensual durante los primeros cinco meses, con devolución del capital en el sexto mes. Según Barreto, este porcentaje fue diseñado para competir con el mercado informal y ofrecer una alternativa a los peligrosos préstamos "gota a gota".
Mecanismos de captación y fachada de credibilidad
El modelo no dependía de grandes campañas publicitarias, sino del voz a voz y, especialmente, de la confianza dentro de círculos íntimos. Uno de los elementos clave para ganar credibilidad fue el pasado laboral de Barreto en una cooperativa de transporte ya liquidada.
"[A] nadie se le ocurrió averiguar en la Cámara de Comercio la existencia de la misma", confesó Barreto, evidenciando cómo la falta de verificación por parte de los inversionistas permitió que el esquema se expandiera sin supervisión legal alguna.
El punto de quiebre y la desaparición forzada
La verdadera razón de su desaparición no fue un secuestro, sino una huida por temor. El colapso llegó cuando el flujo de caja se detuvo en octubre del año pasado. Al intentar sostener los pagos con su patrimonio personal y fallar, las amenazas comenzaron a llegar.
Barreto relató un episodio particularmente angustiante: un intermediario que manejaba recursos superiores a los 4.000 millones de pesos le advirtió que, si no cumplía con los pagos, "lo iba a pagar con su propia vida". Ante la imposibilidad de vender algunos vehículos para responder a las obligaciones, decidió evadirse.
Asumiendo responsabilidades y desligando a familiares
En un intento por limpiar el nombre de sus allegados, Barreto fue enfático al declarar que actuó solo. "Yo quiero hoy responsabilizarme de todo como única cabeza de lo sucedido", afirmó tajantemente.
Según su versión, ni su esposa, padres, hermanos o sobrinos tenían conocimiento o participación en el manejo de los recursos. Incluso desligó de cualquier responsabilidad a los funcionarios de la cooperativa donde trabajó anteriormente.
El destino del dinero y la situación actual
A pesar de las cifras astronómicas involucradas, Barreto sostiene que no vive una vida de lujos. Aseguró no tener dinero en el banco y que los recursos "se fueron en la misma dinámica" del sistema, que incluía préstamos a comerciantes, inversiones en criptomonedas y plataformas similares a la cuestionada Omega Pro.
Actualmente, Uriel Barreto permanece en un lugar oculto y ha manifestado su intención de entregarse a la justicia, pero bajo una condición clara: que se le garantice seguridad. "Si no hay una orden (de captura con custodia)... básicamente yo quedo a merced", señaló, refiriéndose al riesgo que corre ante los cobradores que lo buscan.
Investigación en curso
El caso ahora está en manos de la Fiscalía General de la Nación, entidad que deberá determinar si este relato de "negocio fallido" esconde una conducta criminal sistemática y cuál será el destino judicial del hombre que pasó de ser un desaparecido a ser el rostro de una tragedia financiera en Bogotá.