Confesión del creador de estafa millonaria: 'Yo soy el único responsable' del fraude
Creador de estafa millonaria confiesa: 'Yo soy el único responsable'

Confesión completa del cerebro de presunta estafa millonaria en Bogotá

La supuesta desaparición de un hombre que inicialmente parecía un caso aislado terminó destapando lo que sería una de las presuntas estafas financieras más grandes de los últimos tiempos en Bogotá y Colombia. La estructura habría dejado pérdidas millonarias a decenas de familias que confiaron sus ahorros sin imaginar el alcance del fraude.

El hombre que asume toda la responsabilidad

Uriel Andrés Barreto Díaz, señalado como el cerebro del modelo de inversión, rompe el silencio en una entrevista exclusiva. "Yo quiero hoy responsabilizarme de todo como única cabeza de lo sucedido", afirma categóricamente el hombre que habría operado el esquema durante aproximadamente ocho años.

Durante la conversación, Barreto fue reiterativo en despejar responsabilidades de su entorno familiar y laboral. "Me importa mucho dar a conocer que mi esposa no tiene nada que ver con esto", sostiene, agregando que tampoco sus padres, hermanos, sobrinos o antiguos compañeros de trabajo estuvieron involucrados.

El modelo que prometía rentabilidad fija

El esquema descrito por Barreto giraba alrededor de aportes de dinero a cambio de un rendimiento mensual. La fórmula ofrecía un 6% durante los primeros cinco meses en contratos a seis meses, con devolución del capital al final del período. "Yo pagaba el 6% los primeros cinco meses... el último mes no generaba rendimiento", detalla el presunto estafador.

Según su versión, el porcentaje buscaba ser creíble frente a otras ofertas del mercado informal, mencionando específicamente la usura como referente para estructurar la dinámica. Su punto de partida, asegura, fue ofrecer una alternativa a personas que acudían a prestamistas ilegales.

La fachada que generó confianza

Un elemento clave que ayudó a construir credibilidad fue el vínculo laboral previo de Barreto con una cooperativa de transporte. Aunque reconoce que trabajó allí y que la empresa fue liquidada, ese antecedente se convirtió en la fachada que rodeó la dinámica entre inversionistas.

El propio Barreto admite que la verificación por parte de los afectados fue escasa. "Durante el tiempo que duró mi modelo de inversión... tampoco nadie indagó a profundidad. Nadie se le ocurrió averiguar en la Cámara de Comercio la existencia de la misma", afirma sobre la falta de controles.

Ocho años de crecimiento por confianza

La dinámica se extendió durante cerca de ocho años sin publicidad abierta, según insiste Barreto. "Yo nunca hice propaganda de este modelo de inversión", señala, ubicando la expansión en círculos personales: "La mayoría de personas que confiaron... son familiares y amigos muy cercanos".

Ese mismo factor terminó desbordándose. "Esto fue abismal y desmedido", admite, reconociendo que perdió trazabilidad sobre el número total de involucrados. En su explicación, menciona un elemento cultural que facilitó la expansión: "En Colombia hay un factor cultural... la ley del menor esfuerzo", aunque aclara que con ello no busca justificar lo ocurrido.

El punto de inflexión con intermediarios

El cambio crucial, según la versión de Barreto, ocurrió en 2022 con la aparición de intermediarios que comenzaron a mover dinero de terceros. "Yo te puedo decir que el 40% son personas que yo ni siquiera conozco por cuenta de esos intermediarios", admite sobre la ampliación del esquema.

Algunos de esos actores ofrecían porcentajes distintos a los aportantes y retenían parte de las ganancias. Barreto reconoce que entregaba incentivos a quienes acercaban recursos, aunque insiste en que no era obligatorio traer nuevos inversionistas.

El colapso inevitable del sistema

Barreto describe cómo el sistema llegó a un momento crítico inevitable. "En este sistema uno llega a un punto en donde ya no hay retorno", reconoce sobre el esquema que finalmente colapsó.

El deterioro se exacerbó en octubre del año pasado cuando, según su versión, comenzó a disminuir el ingreso de nuevos recursos. "Yo empecé a responder los últimos meses hasta con mi patrimonio", asegura sobre sus intentos por sostener los pagos.

La desaparición y las amenazas

El episodio más delicado ocurrió a mediados de enero cuando Barreto enfrentó amenazas directas. Relata que un intermediario con movimientos superiores a 4.000 millones de pesos le advirtió que si no cumplía con los pagos, "lo iba a pagar con mi propia vida".

Ante el fracaso de un negocio para obtener liquidez, decidió evadirse. "Ahí fue cuando apareció la noticia de mi desaparición", relata, asegurando que la denuncia la interpuso su familia. Posteriormente se comunicó con autoridades para informar que estaba con vida.

El arrepentimiento y la imposibilidad de resarcimiento

Al final de su confesión, Barreto expresa remordimiento. "Me arrepiento de no haber dicho la verdad... esto es traumático", reconoce sobre las consecuencias de sus acciones.

La frase que mejor explica el impacto del colapso llega al final: "El resarcimiento es imposible. Los recursos se fueron en la misma dinámica", admitiendo la magnitud de las pérdidas para las familias afectadas.

Por ahora, su testimonio representa solo una versión de los hechos. Será la Fiscalía General de la Nación y, en última instancia, los jueces del caso quienes determinen qué ocurrió realmente con los recursos, qué responsabilidades existen y hasta dónde llega el alcance penal de esta presunta estafa que habría dejado pérdidas millonarias en Bogotá y otras regiones del país.