Asesinato de Yulixa Toloza revela vulnerabilidad de género en cirugías estéticas
Asesinato de Yulixa Toloza revela vulnerabilidad de género

La muerte de Yulixa Toloza, ocurrida la semana pasada en una clínica estética clandestina en el sur de Bogotá, ha puesto de manifiesto una vulnerabilidad estrechamente relacionada con el género que es ineludible, según la periodista Catalina Ruiz-Navarro. Toloza, de 52 años, fue reportada como desaparecida por sus amigas después de someterse a una lipólisis láser en un centro estético de garaje. Videos posteriores muestran a dos hombres sacando a Toloza del lugar y subiéndola a un carro gris, que días después apareció en Cúcuta. El cuerpo de la mujer fue hallado cerca de Apulo el martes, y esa misma noche el alcalde de Bogotá confirmó que se trató de un asesinato.

El turismo de salud en Colombia y la región

Colombia es un destino importante para cirugías estéticas; se estima que el 35 % de los pacientes son extranjeros y que el "turismo de salud" creció un 7 % en 2024. Sin embargo, el problema es regional. En México, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) emite alertas sanitarias por clínicas estéticas irregulares desde 2018. Estas clínicas se anuncian de forma insistente e incluso agresiva en internet o mediante volantes. Según reportes de medios como N+, entre 2018 y 2025, Cofepris realizó 6.822 visitas de verificación a clínicas y hospitales que ofrecen cirugías plásticas, aplicando 1.099 suspensiones de actividades. Esto significa que, por cada seis clínicas, una es cerrada por no cumplir con las condiciones adecuadas.

Un artículo reciente de La Jornada señala que en Puebla se cerraron alrededor de 300 clínicas en los últimos 10 años, y en el estado solo hay 42 médicos certificados en cirugía plástica reconstructiva; el resto son, literalmente, "matasanos". Las consecuencias de estas intervenciones incluyen infecciones, necrosis de tejidos, embolias cerebrales y pulmonares, y con frecuencia las complicaciones aparecen meses después.

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Vulnerabilidad de género y presión estética

La muerte de Toloza, aunque no es técnicamente un feminicidio, evidencia una vulnerabilidad estrechamente ligada al género. Colombia está llena de clínicas estéticas clandestinas que ofrecen procedimientos baratos y peligrosos, en gran medida porque la demanda es alta y la regulación es escasa. Mujeres de todas las edades sienten la presión de "tunearse", término utilizado en redes sociales para referirse a estas intervenciones. Antes se hablaba de una "narcoestética", pero hoy también influyen las celebridades, las redes sociales, los filtros y la ansiedad por tener un cuerpo fotografiable. Estos procedimientos se han vuelto tan comunes que forman parte de la estética popular.

Los procedimientos suelen tener un objetivo común: la "feminización" según un estándar de belleza que exige a las mujeres ser voluptuosas y tener cintura de avispa. Por ello, muchas víctimas de estas intervenciones son mujeres trans que no han tenido acceso a procedimientos de reafirmación de género a través del sistema de salud.

Falta de regulación y proyectos de ley estancados

La solución requiere una acción legislativa que garantice vigilancia permanente del Estado, regulación de la venta de dispositivos médicos y rellenos estéticos, y mecanismos claros y accesibles para que las personas puedan verificar que acuden a lugares certificados. Sin embargo, en Colombia ya va una década de intentos de regulación con proyectos como "Cirugía segura ya", que fracasan por falta de quórum, evidenciando la falta de interés del Congreso. No ayuda que las principales víctimas sean mujeres, quienes además son juzgadas desde la misoginia por buscar una intervención estética que las reconcilie con su cuerpo.

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