La última travesía de la familia Pereira Garcés termina en tragedia en Zipaquirá
Una historia de amor filial y arraigo campesino se truncó trágicamente en las primeras horas del miércoles primero de abril, cuando la familia Pereira Garcés perdió la vida en un devastador accidente en el peaje Casablanca, ubicado en el municipio de Cogua, Cundinamarca. La familia, residente del barrio Quiroga en el sur de Bogotá, se dirigía a la vereda Simeón en el municipio de Suaita, Santander, para visitar a don Daniel Pereira, el patriarca de 86 años que los esperaba con ansias en su finca de Vado Real.
Un viaje de tradición y reencuentro familiar
Don Daniel Pereira y doña Rosalba Garcés habían criado a sus seis hijos en las tierras santandereanas, pero hace más de tres décadas la búsqueda de mejores oportunidades los llevó a establecerse en la capital colombiana. A pesar de la distancia, mantuvieron un compromiso inquebrantable con sus raíces: cada Semana Santa, Navidad y Año Nuevo, la carretera los devolvía al calor del hogar natal para compartir en familia.
En esta ocasión, el viaje comenzó a las 4:05 de la madrugada en un Renault Logan vinotinto. A bordo se encontraban Fredy León, un reconocido mecánico de motos; su esposa Luz Amanda, la menor de los hermanos; el pequeño Juan Pablo de apenas 10 años; la abuela Rosalba Garcés; y Adelaida, otra de las hermanas. Completaban la comitiva dos perritas, Kiara y otra mascota, que según testimonios familiares se mostraron inusualmente inquietas durante el trayecto, como presintiendo la desgracia que se avecinaba.
El fatídico momento en el peaje Casablanca
Mientras el país despertaba con la noticia de un tractocamión cisterna cargado de leche que había perdido los frenos y embestido a doce vehículos, en el barrio Quiroga la angustia comenzaba a carcomer a los parientes. "Comenzamos a llamar a sus teléfonos, pero todos sonaban apagados", relató un familiar cercano. Inicialmente atribuyeron la falta de respuesta a problemas de señal en la carretera, pero a medida que las imágenes de automóviles incinerados inundaban las pantallas, el mal presentimiento se volvió insoportable.
Fue a las 5:37 de la madrugada cuando el destino se ensañó con ellos. Su vehículo se encontraba en la punta de la fila del peaje, justo en el momento de pagar el tiquete, cuando la mole de hierro sin frenos los golpeó de frente. La explosión fue inmediata y devastadora. Un familiar, incapaz de seguir esperando noticias, viajó hasta el sitio del siniestro en Cogua solo para confirmar la peor de las sospechas: el Logan vinotinto era uno de los vehículos reducidos a cenizas.
El doloroso regreso a Suaita y el duelo compartido
La noticia llegó a Suaita a través del hijo que había viajado días antes. Fue él quien tuvo la dolorosa tarea de informarle a don Daniel que su esposa, dos de sus hijas, su yerno y su nieto no llegarían nunca a la finca. En Vado Real, la consternación es total y palpable. Vecinos como don Reynaldo Ariolfo Suárez recuerdan a los Pereira como "humildes campesinos y trabajadores" que siempre volvían con el mismo deseo genuino de estar en familia.
Actualmente, la familia Pereira Garcés espera que Medicina Legal culmine el cotejo de cartas dentales para recibir los restos de sus seres queridos. El dolor se debate entre darles el último adiós en la Bogotá que los acogió durante tres décadas o en la tierra colorada de Suaita que los vio nacer y a la que tanto amaban.
Reflexiones sobre la fragilidad en las carreteras colombianas
Esta tragedia ha conmocionado profundamente a las comunidades de Bogotá y Santander, generando una reflexión nacional sobre la fragilidad de la vida en las carreteras colombianas y el vacío irreparable que deja una familia que solo quería llegar a casa para rezar, descansar y abrazar a sus seres queridos. La historia de los Pereira Garcés se convierte en un recordatorio doloroso de cómo los sueños de reencuentro familiar pueden truncarse en segundos debido a fallas mecánicas en vehículos de gran tonelaje.
Mientras las investigaciones avanzan para determinar las causas exactas del fallo en los frenos del camión cisterna, el país llora la pérdida de seis vidas que representaban los valores del trabajo duro, la unión familiar y el amor por las raíces campesinas. Una historia que comenzó con ilusión y terminó en cenizas, dejando preguntas sin respuesta y heridas que tardarán generaciones en sanar.



