La tragedia de Kevin Acosta: un caso que estremece a Colombia
En medio de la constante sucesión de escándalos que caracteriza la actualidad nacional, emerge un caso particularmente doloroso que retrata con crudeza la situación del sistema de salud colombiano. Se trata de la muerte de Kevin Acosta Pico, un niño de apenas 7 años diagnosticado con hemofilia severa A, quien falleció en el hospital La Misericordia de Bogotá después de sufrir una caída de su bicicleta en el departamento del Huila.
Un sistema que falla en lo más básico
La madre del menor, Yudy Katerine Pico, llevaba meses suplicando a la Nueva EPS, entidad actualmente intervenida por el Gobierno Nacional, que le suministrara el medicamento Hemilibra. Este tratamiento, que debe administrarse mensualmente para prevenir sangrados en pacientes con hemofilia, no llegaba desde diciembre. "En Pitalito me lo demoraron mucho", relató la angustiada madre a medios de comunicación. "Llegó el domingo en la noche y me lo dejaron toda la noche; el lunes todo el día. La respuesta era que tocaba esperar a que la EPS autorizara el traslado".
Cuando finalmente el niño fue trasladado a Bogotá, los médicos confirmaron lo peor: presentaba un sangrado craneoencefálico y ya no había nada que hacer. "Es una injusticia que sean así hasta con los niños. No tienen corazón", declaró la señora Pico con el dolor de una pérdida que considera evitable.
Las polémicas declaraciones oficiales
Lo que ha generado mayor indignación en la opinión pública son las declaraciones del presidente Gustavo Petro y del ministro de Salud, quienes parecieron responsabilizar a la familia por permitir que el niño montara en bicicleta. "Si a un niño hemofílico no se le deja subir a la bicicleta, tiene menos riesgo", afirmó el mandatario en una frase que ha quedado grabada en la memoria colectiva.
Esta postura contrasta radicalmente con las guías médicas internacionales. El doctor Sergio Robledo, presidente de la Liga Colombiana de Hemofílicos, explicó que las guías de manejo avaladas por la Federación Mundial de Hemofilia establecen que los niños con hemofilia que reciben tratamiento profiláctico deben hacer ejercicio. Incluso existen pacientes hemofílicos que practican ciclismo de rendimiento.
Un sistema en cuidados intensivos
La tragedia de Kevin Acosta expone las profundas grietas de un sistema de salud que, según el columnista Luis Noé Ochoa, "está en cuidados intensivos, desangrado, va en bicicleta estática, mientras la corrupción a todo nivel va en avión". Se trata de una metáfora poderosa que ilustra la parálisis institucional frente a la velocidad de los problemas estructurales.
El caso revela un patrón preocupante: según el doctor Robledo, existen al menos 50 pacientes con el mismo diagnóstico que tampoco han recibido tratamiento desde enero por parte de la misma EPS. Esto configura una situación de emergencia sanitaria que requiere atención inmediata.
La búsqueda de responsabilidades
Frente a la magnitud del caso, el presidente Petro ha reconocido la necesidad de "establecer si hubo fallas administrativas en la entrega del medicamento". Sin embargo, para los familiares de las víctimas y para amplios sectores de la sociedad, esta investigación llega demasiado tarde.
La pregunta que queda flotando en el ambiente es incómoda pero necesaria: ¿realmente la culpa fue de la bicicleta, como sugirieron las autoridades? ¿O más bien de un sistema que no garantiza el acceso a medicamentos vitales? ¿O del inventor de la bicicleta, como ironiza el columnista? La respuesta parece evidente para quienes observan con preocupación cómo se multiplican los casos de pacientes que deben recurrir a cadenas de solidaridad o incluso a cadenas de oración para obtener tratamientos que deberían ser garantizados por el Estado.
Mientras tanto, el ángel Kevin, como lo llama el columnista, se ha convertido en un símbolo trágico de las fallas sistémicas que afectan a los más vulnerables. Su caso clama por una Colombia realmente humana, con dirigentes que prioricen la vida sobre las excusas institucionales.