¿Se puede comer queso con hígado graso? Esto recomiendan los expertos
En Estados Unidos, aproximadamente uno de cada cuatro adultos padece enfermedad del hígado graso no alcohólico, una condición estrechamente vinculada al sobrepeso, la obesidad y la diabetes tipo 2. Frente a este diagnóstico, la alimentación se convierte en un pilar fundamental del tratamiento, generando incertidumbre sobre el consumo de ciertos alimentos, como el queso. Las guías médicas generales indican que sí es posible incorporarlo en la dieta, pero con moderación y seleccionando cuidadosamente variedades bajas en grasa.
Entendiendo la enfermedad del hígado graso
La enfermedad del hígado graso no alcohólico, ahora conocida como Enfermedad Hepática Esteatótica Asociada a Disfunción Metabólica (MASLD), es un trastorno metabólico que provoca la acumulación excesiva de grasa en el hígado. Según la Mayo Clinic, esta acumulación puede causar hinchazón o agrandamiento del órgano, conocido como hepatomegalia, y, si progresa sin control, puede derivar en complicaciones graves como cirrosis o cáncer hepático.
Los expertos señalan que no se comprende completamente por qué la grasa se acumula en algunos hígados y en otros no. En la mayoría de los casos, la enfermedad no presenta síntomas evidentes, aunque algunas personas pueden experimentar fatiga persistente o dolor en la parte superior derecha del abdomen. La fibrosis, que es la formación de cicatrices como respuesta a la inflamación, es uno de los signos que indican un avance en el daño hepático.
¿Qué tipo de queso se puede consumir?
La clave, según la American Liver Foundation, radica en moderar la ingesta de grasas saturadas y optar por opciones con bajo contenido graso. Los quesos que pueden incluirse de manera segura en una dieta para el hígado graso incluyen:
- Queso fresco bajo en grasa, por su menor aporte calórico y de materia grasa.
- Requesón o ricotta ligera, con bajo contenido de grasa y un buen aporte de proteínas.
- Queso cottage, una opción con reducido contenido graso y alto contenido proteico.
- Queso batido 0% grasa, siempre que no contenga materia grasa añadida.
- Quesos bajos en lactosa y grasa, como algunas variedades de cabra reducidas en grasa.
Quesos que se recomienda evitar
Las recomendaciones médicas coinciden en limitar o evitar los quesos con alto contenido de grasa y sodio, entre los que se destacan:
- Quesos curados y semicurados, como el Gouda, el Grana Padano y el Parmesano, que pueden contener entre 25% y 40% de grasa.
- Quesos azules, como el Roquefort y el Gorgonzola, caracterizados por su alto contenido graso y de sal.
- Quesos grasos para untar, que suelen incluir aditivos y elevados niveles de sodio.
El papel de la dieta mediterránea
Los especialistas suelen recomendar patrones alimentarios equilibrados, como la dieta mediterránea, que prioriza:
- Verduras y hortalizas en abundancia.
- Frutas frescas como parte regular de las comidas.
- Legumbres y cereales integrales para una buena fuente de fibra.
- Proteínas magras, como pollo sin piel o pescado.
- Grasas saludables, como aceite de oliva extra virgen y frutos secos.
Además, se aconseja reducir el consumo de azúcar añadida, bebidas azucaradas, alimentos ultraprocesados y frituras, así como evitar completamente el alcohol. Más allá de estas recomendaciones generales, los expertos subrayan que cualquier cambio en la dieta debe realizarse bajo supervisión médica, especialmente en personas con diagnóstico de hígado graso, para garantizar un manejo adecuado y personalizado de la salud.