La obesidad en Colombia: Un desafío de salud pública que supera el simple control de peso
Durante décadas, la sociedad ha simplificado la obesidad como un problema de carácter personal, atribuyéndolo a falta de disciplina alimentaria y ejercicio. Sin embargo, la ciencia moderna ha revelado una realidad mucho más compleja. Según la última Encuesta Nacional de Situación Nutricional (ENSIN) de 2015, el 56,4% de los adultos colombianos presenta exceso de peso y el 18,7% sufre de obesidad, cifras que reflejan una crisis de salud pública que va más allá de la mera voluntad individual.
Una enfermedad crónica multifactorial
El Dr. Fredy Andrés Luna, médico especialista en Endocrinología y líder del programa de Obesidad y cardiometabolismo de la Fundación Cardioinfantil – LaCardio, explica que la obesidad resulta de la interacción de múltiples factores: genéticos, sociales, culturales, hormonales, metabólicos, psicológicos y ambientales. "Lo primero que debemos hacer es no culpabilizarnos. La obesidad es una enfermedad crónica muy compleja", afirma Luna, destacando que solo cuando se comprenden todas estas variables se entiende la magnitud global del problema.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha catalogado esta situación como una pandemia mundial. En 2022, aproximadamente 2.500 millones de adultos presentaban sobrepeso, de los cuales 890 millones eran obesos. Colombia no escapa a esta tendencia, con más de la mitad de su población adulta por encima del rango considerado saludable.
Más allá del índice de masa corporal
Diagnosticar sobrepeso y obesidad no se limita al índice de masa corporal (IMC), herramienta que presenta importantes limitaciones al no distinguir entre masa muscular y grasa corporal. Ricardo Nassar, jefe de Cirugía Bariátrica y director del Centro de Cuidado Clínico de Obesidad de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB), señala que "el riesgo no empieza en un único número y no depende solo del IMC".
En la práctica clínica colombiana, se utilizan indicadores más precisos como el perímetro abdominal. Una circunferencia de cintura igual o superior a 94 centímetros en hombres y 90 centímetros en mujeres ya representa un marcador de mayor riesgo cardiovascular. Esta medida refleja indirectamente la acumulación de grasa visceral, aquella que rodea los órganos internos y se asocia con diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.
La peligrosa grasa visceral
Nassar explica que cuando una persona desarrolla obesidad, el tejido graso deja de ser un simple depósito de energía para convertirse en un órgano biológicamente activo. Especialmente cuando se acumula en el abdomen, produce sustancias inflamatorias que alteran el metabolismo, favoreciendo la resistencia a la insulina y aumentando el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión, hígado graso y enfermedades cardiovasculares.
Carlos Ortiz, jefe de Cardiología Clínica de LaCardio, describe cómo la grasa visceral puede afectar el corazón: "Si el tejido se inflama o se vuelve rígido por la acumulación de grasa, la sincronía cardíaca puede empezar a fallar". Este desequilibrio puede llevar eventualmente a insuficiencia cardíaca, condición en la que el corazón pierde capacidad para bombear la sangre necesaria al organismo.
Un problema con múltiples consecuencias
La obesidad se asocia actualmente con más de 200 enfermedades, incluyendo diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular, apnea obstructiva del sueño, hígado graso, enfermedad renal crónica y al menos 13 tipos de cáncer. No se trata de un factor de riesgo aislado, sino de una condición que afecta múltiples sistemas corporales y amplifica progresivamente la probabilidad de enfermar y morir prematuramente.
Un abordaje integral para el tratamiento
Frente a esta complejidad, los especialistas coinciden en que el manejo de la obesidad requiere un enfoque integral. "La obesidad no se maneja con magia ni con urgencia emocional", afirma Nassar. "Se maneja de forma integral trabajando la alimentación, actividad física, sueño, estrés, salud mental y seguimiento médico cuando se necesita".
En cuanto a la alimentación, Luna advierte contra las dietas restrictivas: "Lo importante no es hacer una dieta extrema por unas semanas, sino construir una alimentación que la persona pueda mantener". Las investigaciones estiman que solo alrededor del 20% de las personas que pierden peso mediante dietas consiguen mantener ese peso a largo plazo.
Respecto al ayuno intermitente, una revisión de 22 estudios publicada en Cochrane Database of Systematic Reviews encontró que, frente al asesoramiento nutricional tradicional, esta práctica podría producir poca o ninguna diferencia significativa en la pérdida de peso.
Los tres pilares del tratamiento
Los expertos identifican tres componentes esenciales para abordar la obesidad:
- Alimentación sostenible: Priorizar porciones adecuadas, reducir azúcares y ultraprocesados, escoger carbohidratos de mejor calidad y asegurar una buena ingesta de proteínas.
- Actividad física progresiva: Comenzar con pequeños cambios en la cotidianidad, como caminar más y usar escaleras, antes de incorporar ejercicio estructurado.
- Salud mental: Buscar apoyo psicológico para manejar ansiedad, estrés y la relación emocional con los alimentos.
Luna enfatiza la importancia del acompañamiento psicológico: "Hay que buscar el apoyo de un equipo de psicología que hace un perfilamiento de las características de ansiedad y de la relación que cada paciente tiene con los alimentos".
La esperanza en la reversibilidad
A pesar de la gravedad del problema, los especialistas destacan que la obesidad no es una enfermedad inevitable. Ortiz explica que "si el paciente mantiene hábitos saludables en el tiempo y logra sostener un peso más saludable durante una década, los estudios muestran que el riesgo de complicaciones a largo plazo puede reducirse entre un 50% y un 60%".
La clave, según Nassar, está en cambiar el enfoque: "Cuando el objetivo deja de ser solo bajar kilos y pasa a tener una mejor salud, energía y calidad de vida, el cambio suele ser más real y más duradero". Este abordaje integral representa la mejor esperanza para enfrentar lo que la OMS ha denominado una pandemia global de sobrepeso y obesidad.
