Revelaciones sobre la larga batalla médica del príncipe Felipe
El 9 de abril de 2021 falleció el duque de Edimburgo, príncipe Felipe, esposo de la entonces reina Isabel II de Inglaterra, cuando estaba a punto de cumplir 100 años. Durante mucho tiempo, las causas exactas de su deceso permanecieron sin aclararse públicamente, generando especulaciones y misterio en torno a los últimos años del consorte real.
El diagnóstico oculto de 2013
Según revelaciones contenidas en el nuevo libro "Reina Isabel II" del historiador Hugo Vickers, cuyos extractos fueron publicados por el Daily Mail, al príncipe Felipe le diagnosticaron un cáncer de páncreas inoperable en 2013, cuando tenía 91 años, en un hospital de Londres. El tumor, según la información médica recopilada por Vickers, presentaba características que imposibilitaban cualquier intervención quirúrgica, marcando el inicio de una larga y silenciosa batalla contra la enfermedad.
Lo más sorprendente, según el autor, es que tras este diagnóstico los médicos estimaban que el marido de la reina no volvería a aparecer en actos públicos, una predicción que resultó completamente errónea. Contra todos los pronósticos, el príncipe Felipe continuó desempeñando funciones públicas de manera activa hasta 2017, cuando finalmente comunicó su retiro oficial de la vida pública, demostrando una resistencia física y mental extraordinaria.
Una convivencia prolongada con la enfermedad
Vickers detalla en su obra que el duque de Edimburgo convivió con el cáncer de páncreas durante casi ocho años, un período significativamente más largo que lo habitual para este tipo de diagnóstico. El historiador británico señala que esta prolongada supervivencia resultó excepcional en el contexto médico, considerando la agresividad típica de esta variedad de cáncer y la avanzada edad del paciente.
El autor también revela aspectos personales de los últimos momentos del príncipe, incluyendo que "no quería llegar a los 100 años" porque "detestaba el alboroto que suele acompañar a tales eventos". Esta declaración refleja el carácter reservado y práctico que siempre caracterizó al duque, quien prefirió evitar las celebraciones públicas masivas que habrían acompañado su centenario.
Las últimas horas en el castillo de Windsor
Según las descripciones de Vickers, hubo "momentos de tranquilidad" en los últimos días del príncipe Felipe en el castillo de Windsor. La víspera de su fallecimiento, el duque se deshizo de sus enfermeras, se desplazó por el pasillo con su andador, se sirvió una cerveza y la bebió en el salón de Roble, demostrando hasta el final su independencia y determinación.
"A la mañana siguiente, se levantó, se bañó, dijo que no se sentía bien y falleció en silencio", relata el historiador. Esta descripción íntima de los últimos momentos contrasta con la imagen pública del príncipe, mostrando a un hombre que enfrentó su enfermedad con dignidad y discreción hasta el final.
Un legado de 73 años junto a Isabel II
El príncipe Felipe, cuyo título de duque de Edimburgo ostenta ahora su hijo menor, el príncipe Eduardo, estuvo casado con Isabel II durante 73 años, desde su matrimonio el 20 de noviembre de 1947 en la Abadía de Westminster. Con motivo de la boda, el entonces rey Jorge VI le concedió al príncipe el título que lo acompañaría durante toda su vida pública.
Padre del actual rey de Inglaterra, Carlos III, el duque de Edimburgo dejó un legado como consorte real que redefinió el papel en la monarquía británica moderna. Las revelaciones sobre su larga batalla contra el cáncer añaden una nueva dimensión a la comprensión de sus últimos años, mostrando una fortaleza física y una determinación personal que trascendieron incluso los diagnósticos médicos más pesimistas.



