Erotomanía: cuando la convicción de ser amado se convierte en delirio patológico
Lo que podría parecer una historia romántica intensa puede ser, en realidad, una alteración profunda de la percepción para quienes padecen el síndrome de Clérambault, conocido comúnmente como erotomanía. Este trastorno no se trata simplemente de un enamoramiento obsesivo, sino de una certeza absoluta e infundada de que otra persona está enamorada de quien lo experimenta, incluso cuando no existen señales reales que respalden tal creencia.
Orígenes y definición del síndrome
El trastorno recibe su nombre del psiquiatra francés Gaëtan Gatian de Clérambault, quien en 1921 describió sistemáticamente lo que denominó "psicosis pasionales". En sus estudios, observó pacientes que afirmaban con total convicción ser amados por alguien, frecuentemente una figura de estatus superior, a pesar de carecer de pruebas o contacto real con esa persona. Desde entonces, el diagnóstico quedó asociado a su apellido en el ámbito clínico.
La psicóloga Isabel Rovira, en el portal Psicología y Mente, explica que este comportamiento se clasifica dentro del trastorno delirante de tipo erotomaníaco. Se caracteriza por la creencia infundada de que otra persona mantiene sentimientos románticos hacia quien padece el trastorno. En muchos casos, apenas existe contacto real entre ambos individuos, pero cualquier acción puede reinterpretarse como una prueba de ese amor inexistente.
Diferencias clave con el amor no correspondido
¿Qué distingue a la erotomanía de un amor platónico o no correspondido? Inicialmente, la capacidad de aceptar la realidad. En un enamoramiento no correspondido, aunque haya dolor y frustración, existe la posibilidad de reconocer que el otro no comparte el sentimiento. En la erotomanía, la negativa o el rechazo no invalidan la creencia; por el contrario, suelen reinterpretarse para alimentar el delirio.
Por ejemplo, si la persona se distancia, se cree que lo hace para "ocultar" el amor. Si no responde, se atribuye a miedo al escándalo. Si niega explícitamente el vínculo, se interpreta como un intento de protección. Esta distorsión cognitiva convierte miradas, silencios, coincidencias o incluso el rechazo en "códigos secretos" que confirman la narrativa del amor correspondido.
Características clínicas y perfil
El psiquiatra forense Lisandro Durán Robles, instructor y psiquiatra asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia, señala que este delirio aparece con mayor frecuencia en mujeres y suele centrarse en un hombre mayor. Según la interpretación delirante, este hombre comunica su amor mediante "signos secretos". Durán Robles también advierte que puede surgir irritación intensa hacia el supuesto enamorado cuando este rechaza el vínculo, un sentimiento que puede desbordarse hasta convertirse en obsesión peligrosa.
Desde el psicoanálisis, Sigmund Freud propuso una fórmula que ayuda a entender esta inversión afectiva: "Yo no le amo a él; la amo a ella, porque ella me ama". Citado por Durán Robles, este planteamiento sugiere que el delirio puede operar como defensa frente a conflictos internos, donde la raíz no está en el deseo de amar, sino en la convicción de ser amado.
Riesgos para la salud mental y tratamiento
Clínicamente, la erotomanía puede aparecer asociada a trastornos como la esquizofrenia, el trastorno bipolar o ciertos cuadros depresivos con síntomas psicóticos. Entre las consecuencias, se habla de aislamiento social extremo o soledad prolongada, aunque fuera del tema amoroso, la persona puede desenvolverse con normalidad, ya que el delirio no necesariamente invade todas las áreas de su vida.
Uno de los casos más conocidos, según expertos, fue el de John Hinckley Jr., quien en 1981 intentó asesinar al entonces presidente Ronald Reagan convencido de que ese acto haría que la actriz Jodie Foster declarara públicamente su amor por él. Este ejemplo ilustra hasta qué punto una construcción delirante puede traducirse en conductas de alto riesgo.
El tratamiento generalmente combina psicoterapia y medicación antipsicótica. Aunque la intervención puede disminuir la intensidad del delirio, no siempre logra eliminarlo por completo, y en algunos casos puede volverse crónico, requiriendo manejo continuo para prevenir recaídas y comportamientos peligrosos.