Cuando una mascota deja de jugar, duerme más de lo habitual, pierde interés por actividades que antes disfrutaba o cambia repentinamente de comportamiento, muchos dueños concluyen que está triste o se ha vuelto perezosa. Sin embargo, especialistas en comportamiento animal advierten que algunos de estos cambios podrían estar relacionados con estados emocionales más complejos que requieren atención y seguimiento.
¿Pueden sufrir depresión los perros y gatos?
Aunque la depresión es un trastorno ampliamente estudiado en seres humanos, en medicina veterinaria todavía existen interrogantes sobre cómo identificarla y definirla. La dificultad principal radica en que perros y gatos no pueden comunicar verbalmente lo que sienten, lo que obliga a interpretar cambios físicos y de conducta para entender qué ocurre.
Lore Haug, médica veterinaria especializada en comportamiento animal y propietaria de Texas Veterinary Behavior Services, explicó a la Asociación Americana de Hospitales Veterinarios que el fenómeno aún genera debate dentro de la comunidad científica. “Sin embargo, es probable que los animales sí sufran algún tipo de depresión, aunque es difícil saber hasta qué punto su estado emocional es similar al de un ser humano con ese diagnóstico”, señaló.
Señales de alerta en perros
En el caso de los perros, se han observado patrones que podrían encender señales de alerta. Entre ellos aparecen cambios persistentes durante una o dos semanas, disminución del interés por actividades que antes generaban entusiasmo, modificaciones en el apetito, alteraciones del sueño o una menor respuesta frente a estímulos del entorno.
Sin embargo, los expertos advierten que estos síntomas no deben interpretarse de manera definitiva. La pérdida de apetito, la apatía, el cansancio o el aislamiento también pueden aparecer en enfermedades físicas, dolor o problemas neurológicos. Por ello, Oscar Cortadellas, profesor asociado del Departamento de Medicina y Cirugía Animal, sostiene que antes de relacionar estas señales con un trastorno emocional es indispensable realizar una evaluación integral. El análisis clínico busca descartar primero enfermedades orgánicas que puedan explicar los cambios de comportamiento observados.
Factores desencadenantes
Los cambios drásticos en la rutina se posicionan entre los detonantes más frecuentes. Mudanzas, fallecimiento de un integrante de la familia, la llegada de un nuevo bebé, una nueva mascota, separaciones o modificaciones prolongadas en la dinámica del hogar pueden convertirse en eventos difíciles de procesar para algunos animales. Incluso situaciones que parecen menores para los humanos pueden representar un reto. Un cambio de horarios, mover objetos habituales de lugar o modificar ciertas rutinas puede generar respuestas distintas dependiendo de cada mascota.
Erin Askeland, especialista en bienestar animal y miembro del Certification Council for Professional Dog Trainers, explicó que uno de los factores más importantes es la resiliencia del animal, es decir, la capacidad de recuperarse tras una situación estresante. “Las mascotas que a veces tardan un poco más en recuperarse, o que reaccionan con mayor sensibilidad a pequeñas cosas, incluso si se recuperan rápidamente, son probablemente las que tienen más probabilidades de verse afectadas por otro evento o un cambio importante”, afirmó.
Diferencias entre perros y gatos
En gatos y perros también pueden observarse manifestaciones diferentes. Mientras algunos animales se aíslan o disminuyen su interacción social, otros pueden mostrar irritabilidad, hiperactividad o conductas inusuales. Los expertos recomiendan mantener estímulos y rutinas estables para las mascotas.
Importancia del enriquecimiento ambiental
También se advierte que el enriquecimiento en el ambiente juega un papel importante en el bienestar emocional. Juegos, estímulos cognitivos, actividad física y rutinas consistentes ayudan a disminuir el impacto de factores estresantes. “Todas las mascotas deberían tener oportunidades constantes de enriquecimiento”, indicó Haug. “Esto mejora su bienestar y también aumenta su capacidad para resolver problemas”, añadió.
Cuándo buscar ayuda profesional
Cuando los cambios de conducta se mantienen durante varios días o alteran la vida cotidiana del animal, la recomendación es buscar orientación profesional. Los tratamientos pueden incluir modificaciones en los comportamientos, estrategias de estimulación y, en algunos casos específicos, apoyo farmacológico bajo supervisión veterinaria.



