Crítica a los anticaleños: entre la envidia y la queja constante sobre la ciudad
Crítica a anticaleños: envidia y quejas sobre Cali

La paradoja de los anticaleños: entre la admiración ajena y el desprecio local

Resulta complejo comprender la mentalidad de ciertos caleños, ya sean nativos o adoptados por esta ciudad que les ha brindado oportunidades y los ha acogido como hijos propios. Se trata de una Cali que lucha incansablemente por avanzar, con o sin la colaboración de estos individuos que, utilizando una expresión común, prefieren ver el vaso medio vacío en lugar de medio lleno.

Esta perspectiva genera un ambiente de pesimismo y catastrofismo que, lamentablemente, tiende a propagarse con facilidad entre la comunidad. Los llamados "anticaleños" manifiestan una envidia palpable hacia otras ciudades colombianas que, según su percepción, han superado a la capital vallecaucana.

La idealización de otras ciudades y la crítica local

Estos detractores viven fascinados por los logros de Barranquilla, a la que consideran "la puntería que dejó a Cali atrás". Se maravillan ante su bulevar, la escultura de Shakira y los barrios que comparan con los de Miami, comportándose como visitantes ejemplares cuando están fuera, pero transformándose en conductores imprudentes al volver a su ciudad, a la que califican despectivamente.

Medellín representa otro paraíso inalcanzable para ellos, donde repiten constantemente "esos paisas son unos berracos" mientras utilizan el metro o visitan el aeropuerto, preguntándose por qué esa ciudad sí ha podido desarrollarse y Cali no. La respuesta simple sería: "porque ellos son paisas y nosotros no", pero la realidad es más compleja.

El Eje Cafetero se convierte en la octava maravilla del mundo ante sus ojos, quedando boquiabiertos ante fincas, estaderos y la hospitalidad de sus habitantes, una cualidad que reconocen que hace falta en Cali. Sin embargo, al regresar, no dudan en criticar lugares emblemáticos como el 18, Dapa o el río Pance.

La movilidad y la infraestructura: críticas contradictorias

Para estos profetas del desastre, el alcalde actual "no sirve pa'culo", especialmente en lo relacionado con los problemas de movilidad que afectan a la ciudad. Parecen ignorar que los trancones son el pan de cada día en Fort Lauderdale, Barranquilla y Medellín, ciudades que tanto admiran.

El otro tema recurrente son los huecos en las calles y el mal estado de las vías, que desatan los peores epítetos contra la administración municipal. Pero cuando se realizan trabajos de repavimentación y reparación de andenes, la crítica se vuelve contra el alcalde por los trancones momentáneos que generan estas mejoras, en una muestra clara de contradicción: "palo porque no se tapan los huecos y palo porque se tapan".

Esta actitud quedó evidenciada recientemente en el sector de Santa Teresita, donde una mujer a bordo de un vehículo de lujo armó un escándalo monumental porque un taxista, al darle un beso, le hizo un pequeño rayón en el guardabarros con un poco de saliva. La dama protestó porque llegaría tarde a su clase de pilates, culpando al alcalde de todos sus males.

Un llamado a la unidad y al orgullo caleño

El columnista lleva años insistiendo en un mensaje crucial: "Nos unimos o nos hundimos", una advertencia que parece no estar siendo escuchada por la comunidad. Sin unidad, advierte, será imposible derrotar las aspiraciones políticas de figuras como el señor Cepeda.

La posdata final es un llamado directo a la acción: "Yo hablo bien de Cali. ¡Hazlo tú también!", invitando a los caleños a cambiar su discurso y contribuir positivamente al desarrollo y la imagen de su ciudad.

Mario Fernando Prado, administrador de empresas, abogado y periodista por vocación, dirige y fundó MF Publicidad Mercadeo Limitada, así como los programas Mario Fernando Piano y Oye Cali. Galardonado en dos oportunidades con el premio Simón Bolívar de periodismo, escribe para El País desde hace más de cuatro décadas, aportando una perspectiva crítica y constructiva sobre la realidad caleña.