Violencia resurge en Santander: Grupos armados expanden control territorial
Violencia resurge en Santander con expansión de grupos armados

El regreso trágico de la violencia a Santander

No es posible observar con indiferencia cómo el fantasma de la violencia recorre nuevamente las calles y los campos de Santander. Lo que hace unos años parecía un enemigo vencido, es hoy una trágica realidad que se ha consolidado debido a la desidia y la subestimación de las advertencias que durante años han hecho comunidades, organizaciones defensoras de derechos humanos y los propios medios de comunicación.

La lenta pero constante incursión de grupos armados

En Santander la violencia ha hecho una incursión lenta pero constante hasta lograr que grupos armados ilegales especialmente provenientes del Catatumbo, con estructuras delincuenciales y narcotraficantes se instalen en el territorio y acechen las zonas rurales y los cascos urbanos. Los hechos recientes evidencian el fenómeno de manera contundente:

  • Asesinatos selectivos ejecutados con frialdad y precisión
  • Masacres en viviendas rurales de municipios como Cimitarra
  • Ajustes de cuentas a plena luz del día en el área metropolitana de Bucaramanga

Estos eventos demuestran que esto se relaciona con operaciones calculadas que responden a lógicas de expansión territorial y control de economías ilícitas. Para los analistas y expertos la presencia de estos grupos no son apariciones esporádicas de delincuencia común, sino, al contrario, son la evidencia de que hay presencia confirmada de estructuras armadas organizadas que incluye al Eln, al Clan del Golfo y a las Autodefensas, en decenas de municipios.

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Santander: Corredor estratégico para el crimen organizado

La posición geográfica de Santander sirve como corredor para el narcotráfico hacia la costa y el centro del país, y a esto se suma la riqueza minera en zonas como Soto Norte y la presencia de tuberías de combustible, lo que ha hecho de este departamento un sitio estratégico de gran valor para los delincuentes. Estos grupos se enfrentan por el control de todos estos recursos en Barrancabermeja y Bucaramanga, para lo cual despliegan células armadas que se ubican en veredas y barrios para ejercer dominio creando zozobra mediante el terror, la extorsión y toda clase de actos intimidatorios.

La urgencia de un cambio estratégico integral

La situación demanda con urgencia un cambio en la estrategia, pues no basta con invertir en tecnología de vigilancia que, si bien es necesaria, no ataca las raíces estructurales del fenómeno. Se requiere que el Gobierno Central actúe con la firmeza, la inteligencia y la contundencia que la gravedad del momento exige.

Es necesario desplegar una fuerza pública con capacidad de ocupación permanente del territorio, pero también una acción estatal integral que arranque de raíz las economías ilegales que alimentan a estos grupos. Cada captura y cada incautación de droga, aunque positivas, resultan insuficientes si no se coordinan con una ofensiva judicial que desarticule las finanzas y las estructuras de mando de estas organizaciones.

El futuro de Santander en juego

Santander no puede convertirse en un corredor del narcotráfico ni en un laboratorio para probar los límites de la tolerancia estatal. La vida y la seguridad de sus habitantes, así como la posibilidad de un desarrollo en paz, están en juego. Ante esta situación, es responsabilidad ineludible de las autoridades, en todos sus niveles, pasar de las palabras a los hechos con la determinación que exige este momento crítico.

No hacerlo sería condenar a Santander a repetir una historia de violencia de la que tanto ha costado aprender. La memoria colectiva del departamento aún guarda las cicatrices de conflictos pasados, y permitir que se repitan estos patrones sería un fracaso institucional de proporciones históricas. La comunidad santandereana merece un futuro donde la seguridad no sea un privilegio sino un derecho fundamental garantizado por el Estado.

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