A las 2 a. m. del 3 de julio de 1994, Guillermo Otálvaro, presidente de la Unión de Barras de Atlético Nacional (UBANAL), ayudaba a mover en el Coliseo Iván de Bedout el féretro del futbolista Andrés Escobar, asesinado tres días antes. Su labor permitió que las personas que permanecían en la cámara ardiente a esa hora pudieran tener un mejor acceso al cuerpo del jugador.
Una vida ligada al club verdolaga
Guillermo Otálvaro ha pasado 60 años de su vida en el estadio Atanasio Girardot, dedicado por completo al Atlético Nacional. Ya había vivido una situación similar en 1982, cuando acompañó en el mismo lugar el cuerpo de Osvaldo Zubeldía, entonces técnico del equipo. Esa noche, como muchas otras, estuvo al servicio del club que ama.
El presidente de UBANAL ha sido testigo de los momentos más gloriosos y también de los más trágicos del conjunto verdolaga. Su compromiso con la hinchada y con el equipo lo ha convertido en una figura emblemática dentro del estadio.
La historia de Guillermo Otálvaro es la historia de un hombre que ha vivido el fútbol con una pasión inquebrantable, desde las gradas hasta los momentos más íntimos del club. Su legado es un ejemplo de lealtad y amor por los colores de Atlético Nacional.



