Primero fue el derrocamiento por la fuerza de Nicolás Maduro en Venezuela. Ahora, la imputación contra el expresidente de Cuba, Raúl Castro, por asesinato y conspiración para matar. Detrás de estas acciones, ocurridas con solo cuatro meses de diferencia, está el gobierno de Donald Trump, que ha convertido en prioridad dentro de su política exterior a estos dos países latinoamericanos, sumidos en una fuerte crisis humanitaria.
Reacciones en el exilio y en la isla
En medio de las diferencias, ambos casos muestran similitudes. Cubanos en el exilio, al igual que algunos venezolanos tras el ataque en Caracas, se mostraron felices por la decisión judicial contra Raúl Castro. Él, identificado como responsable de ordenar el derribo de dos avionetas con ciudadanos cubanoestadounidenses en 1996, fue imputado por asesinato, conspiración para matar y destrucción de aeronaves. En ese entonces, ejercía como ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
“Es un día glorioso para los cubanos exiliados que exigen justicia”, aseguró Nelson Morales, hermano del piloto cubano Pablo Morales, fallecido en el derribo. Ramón Sánchez, activista cubano en Miami, agregó: “Esto es una reivindicación para los familiares y para la comunidad en general”. Maki Egusquiza, director de cine y televisión cubano residente en Colombia, interpretó lo sucedido como “una capa de presión más que aplica el Gobierno norteamericano al desgobierno cubano”.
En Venezuela, aunque con miedo a la represión, algunos expresaron esperanza y júbilo tras la caída de Maduro el 3 de enero. Sin embargo, confiesan frustración porque poco ha cambiado en el país desde entonces.
Opiniones divididas en Cuba
En Cuba, los apagones generalizados y la mala señal de internet dificultaron la divulgación de la noticia. Las opiniones se dividieron entre quienes cuestionaron la legitimidad de los cargos y quienes expresaron cansancio frente al status quo. Yoandy Benítez Ramírez, de 24 años, dijo que la situación debe cambiar. Yasiel Lugones, repartidor de 27 años, señaló que no cree en una intervención militar, pero que el país necesita que termine la situación actual. Raúl Cardoso fue más directo: “Si van a entrar, que entren. Si no, que dejen de hablar tanto”.
Similitudes y diferencias entre los casos
Cynthia Arnson, experta en relaciones Estados Unidos-América Latina de la Universidad Johns Hopkins, señaló dos interpretaciones: “Una es que forma parte de una campaña de ‘máxima presión’. La segunda se acerca más al precedente de Venezuela”. La pregunta es si la historia de Caracas se repetirá en La Habana.
Ambos países comparten sanciones estadounidenses a altos funcionarios y aislamiento económico y diplomático. Sin embargo, Brian Fonseca, experto en seguridad de la Universidad Internacional de Florida, destaca diferencias: el régimen cubano está más institucionalizado y cohesionado, y tiene más experiencia en resistir presión externa. Además, Maduro fue derrocado y encarcelado en Nueva York por narcotráfico mientras ejercía el poder, mientras que Castro lleva años fuera del gobierno y las acusaciones son por hechos de hace décadas. Finalmente, Trump ha demostrado disposición a asumir riesgos con Venezuela e Irán, pero no ha mostrado la misma postura con Cuba respecto al uso de la fuerza militar.
Vale recordar que antes del arresto de Maduro, Washington inició una ofensiva en el Pacífico y el Caribe contra supuestas narcolanchas, lo que ha generado reclamos por ejecuciones extrajudiciales.



