El tiroteo de este sábado en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca, en Washington, que obligó a evacuar al presidente Donald Trump y desató una ola de rechazo internacional a la violencia política, volvió a poner bajo escrutinio la seguridad presidencial en Estados Unidos. Aunque la rápida reacción del Servicio Secreto permitió evacuar sin heridas al republicano, el incidente dejó en evidencia que, una vez más, una persona armada logró acercarse peligrosamente a su objetivo.
El propio Trump afirmó este domingo que el sospechoso actuó movido por un “odio” profundo hacia los cristianos, basándose en un manifiesto escrito por el atacante y en la información preliminar recabada por las autoridades. En entrevista con Fox News, lo describió como un “tipo muy problemático” con motivaciones de carácter religioso radical. Incluso sugirió que su familia conocía sus dificultades y no actuó con suficiente contundencia.
Antecedentes de ataques contra Trump
Este episodio se suma a una cadena de intentos, complots frustrados y fallas de seguridad que han marcado la trayectoria política del mandatario republicano, incluido uno que estuvo a punto de costarle la vida durante la campaña presidencial de 2024 que lo llevó de vuelta al poder.
Julio de 2024: disparos en Pensilvania
El 13 de julio de 2024, durante un mitin en Butler, Pensilvania, Trump fue herido por un disparo que le rozó la oreja derecha. Al menos cinco detonaciones se escucharon mientras hablaba ante simpatizantes, lo que provocó una evacuación inmediata por parte del Servicio Secreto. Imágenes del momento mostraron al entonces candidato con sangre en el rostro mientras era retirado del escenario. El atacante, identificado como Thomas Matthew Crooks, de 20 años, utilizó un rifle de estilo AR-15 y fue abatido segundos después por un francotirador. El ataque dejó además una víctima mortal entre los asistentes. Investigaciones posteriores del FBI y del Congreso señalaron fallas en la planificación, la comunicación y la coordinación del dispositivo de seguridad.
Septiembre de 2024: el complot en un campo de golf
El 15 de septiembre de 2024, mientras Trump jugaba en su club en West Palm Beach, en Florida, agentes del Servicio Secreto detectaron el cañón de un rifle oculto entre arbustos cercanos al recorrido. El campo fue cerrado de inmediato y se desplegó un operativo de emergencia. El sospechoso, Ryan Wesley Routh, de 58 años, fue capturado tras intentar huir. Registros telefónicos demostraron que había permanecido durante semanas en las cercanías del club y de la residencia de Trump en Mar-a-Lago. En 2025 fue condenado a cadena perpetua por planear el asesinato del entonces candidato.
Septiembre de 2025: infiltración en el esquema de seguridad
Un año después, la amenaza no provino de un atacante externo sino desde dentro del propio dispositivo. Melvin Eng, agente del Departamento de Policía de Nueva York, logró infiltrarse armado y con equipo táctico en la seguridad de un evento del presidente durante la Ryder Cup en el campo Bethpage Black. Eng se encontraba de baja médica y no tenía autorización para participar en el operativo. El hecho derivó en su suspensión y en una investigación interna. El episodio encendió alarmas sobre los protocolos de verificación, al demostrar que una persona armada pudo acceder al círculo cercano del presidente haciéndose pasar por parte del equipo de seguridad.
Febrero de 2026: ataque frustrado en Mar-a-Lago
Meses antes del tiroteo en Washington, otro incidente ocurrió en la residencia de Trump en Florida. Un hombre identificado como Austin Tucker Martin, de 21 años, embistió con su vehículo el perímetro de seguridad de Mar-a-Lago portando una escopeta y un bidón de gasolina. El Servicio Secreto lo abatió en el lugar. Trump no se encontraba en la residencia en ese momento. Las autoridades indicaron que su familia lo había reportado como desaparecido y que su motivación no estaba clara.
Otros complots y amenazas contra Trump
Desde su irrupción en la política, Trump ha sido blanco de múltiples amenazas. En junio de 2016, un ciudadano británico intentó arrebatar el arma a un policía durante un mitin en Las Vegas con la intención de dispararle. También, en 2017, un hombre robó un montacargas en Dakota del Norte con la intención de embestir la caravana presidencial. A estos casos se suma el envío de una carta con una cantidad mortal de ricina a la Casa Blanca en 2020, así como la desarticulación en 2024 de un complot de asesinato por encargo vinculado a actores extranjeros.
Aunque estos episodios no se concretaron en ataques directos, evidencian la persistencia de amenazas contra su vida. De hecho, en los últimos dos años, el presidente Trump ha sido objeto de tres intentos de asesinato, lo que demuestra una tendencia cada vez más recurrente de esfuerzos por asesinar al mandatario.
Una historia que se repite en la presidencia de Estados Unidos
Trump no es el único presidente estadounidense que ha sido blanco de atentados. En 1950, Harry Truman salió ileso tras un ataque armado en Washington. Y, más recientemente, en 1981 Ronald Reagan fue herido de gravedad, también en Washington, pero sobrevivió tras una cirugía de emergencia. Otros casos sí tuvieron consecuencias fatales: el exmandatario republicano William McKinley fue asesinado en 1901 durante un acto público, y el demócrata John F. Kennedy fue víctima de magnicidio en 1963 en Dallas a manos, según las investigaciones, de Lee Harvey Oswald. En ese contexto, la seguidilla de incidentes contra Trump reabre el debate sobre la seguridad presidencial en una era de amenazas cada vez más frecuentes, diversas y difíciles de anticipar, todo esto en medio de un convulso y polarizado ambiente político.



