Fallece el ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán, en ataques aéreos
El ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán desde 1989, ha fallecido este sábado 28 de febrero de 2026 durante los ataques aéreos que han sacudido su complejo en Teherán. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó la noticia, mientras que un funcionario israelí de alto rango informó a Reuters que su cuerpo fue encontrado tras los bombardeos contra objetivos iraníes.
Un duro golpe para la República Islámica
La muerte de Jamenei, de 86 años, supone un duro revés para la República Islámica que había liderado durante más de tres décadas. Imágenes de satélite han mostrado daños significativos en su residencia de Teherán, uno de los primeros blancos de la campaña de bombardeos. Este líder, conocido por su enemistad acérrima hacia Occidente, había sobrevivido a numerosas presiones internacionales, pero enfrentaba la crisis más grave de su gobierno antes del ataque.
Crisis crecientes y represión interna
En los últimos años, Jamenei se había visto obligado a enfrentar múltiples desafíos:
- Ordenó la represión más sangrienta desde la Revolución Islámica de 1979 contra manifestantes que protestaban por el alza de precios.
- En junio pasado, tuvo que esconderse durante 12 días debido a ataques aéreos israelíes y estadounidenses que mataron a colaboradores cercanos y destruyeron instalaciones nucleares.
- Su influencia en Oriente Medio se vio mermada con Hezbolá debilitado en el Líbano y Bashar al-Assad derrocado en Siria.
Jamenei se negó rotundamente a discutir la posibilidad de renunciar a los misiles balísticos de Irán, considerados por Teherán como su única fuerza disuasoria contra ataques israelíes. Esta intransigencia puede haber contribuido a provocar los ataques aéreos que finalmente lo alcanzaron.
Dominio absoluto del poder
Aunque los funcionarios electos manejaban los asuntos cotidianos, ninguna política importante —especialmente las relacionadas con Estados Unidos— podía implementarse sin la aprobación explícita de Jamenei. Su dominio del complejo sistema de gobierno clerical iraní, combinado con una democracia limitada, garantizaba que ningún otro grupo pudiera desafiar sus decisiones.
Inicio difícil y consolidación del poder
Al principio de su mandato, Jamenei era frecuentemente subestimado y considerado un sucesor poco probable del carismático ayatolá Ruhollah Jomeini, fundador de la República Islámica. Sin haber alcanzado el rango religioso de ayatolá cuando fue nombrado líder supremo, enfrentó dificultades para ejercer el poder a través de la autoridad religiosa.
Sin embargo, tras luchar por salir de la sombra de su mentor, finalmente se impuso forjando un formidable aparato de seguridad dedicado exclusivamente a él. Su poder también se sustentaba en el imperio financiero paraestatal conocido como Setad, bajo su control directo y valorado en decenas de miles de millones de dólares.
Relación conflictiva con Occidente
Jamenei siempre desconfió profundamente de Occidente, particularmente de Estados Unidos, al que acusaba regularmente de intentar derrocarlo. En un discurso tras las protestas de enero, culpó directamente a Trump de los disturbios, calificándolo como "un criminal por las víctimas, los daños y las calumnias que ha infligido a la nación iraní".
A pesar de su rigidez ideológica, mostró cierta flexibilidad táctica cuando la supervivencia de la República Islámica estuvo en juego. Su concepto de "flexibilidad heroica", mencionado por primera vez en 2013, permitía compromisos temporales para avanzar en sus objetivos estratégicos.
Estructura de seguridad leal
En momentos de creciente presión, Jamenei recurría sistemáticamente al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y a los Basij, una fuerza paramilitar de cientos de miles de voluntarios, para sofocar la disidencia interna. Estas fuerzas fueron cruciales en:
- La represión de las protestas tras la reelección de Mahmoud Ahmadinejad en 2009.
- La respuesta violenta a las manifestaciones por la muerte de Mahsa Amini en 2022.
- La contención de la última ronda de protestas en enero de este año.
Karim Sadjadpour, de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, describió su ascenso como un "accidente de la historia" que transformó a un "presidente débil en uno de los iraníes más poderosos de los últimos 100 años". Su legado, marcado por la confrontación con Occidente y la represión interna, deja un vacío de poder que probablemente generará importantes convulsiones en la región.
