Israel consolida presencia militar en el sur de Líbano y amenaza con avanzar hasta el río Litani
Las fuerzas israelíes han intensificado su ofensiva en el sur de Líbano, consolidando una presencia militar que ya abarca una franja de ocho kilómetros desde la frontera. Esta operación, iniciada el 2 de marzo, ha generado una grave crisis humanitaria con cifras alarmantes: según el Centro de Operaciones de Emergencia libanés, se registran al menos 1.497 muertos, más de 4.600 heridos -incluyendo 457 menores- y aproximadamente 600.000 desplazados.
Expansión hacia el río Litani y creación de zona de seguridad
El gobierno israelí ha confirmado oficialmente su intención de mantener el control militar hasta el río Litani, ubicado a 30 kilómetros de la frontera. Según fuentes de la radio pública israelí, este despliegue podría completarse en aproximadamente una semana, con el objetivo declarado de impedir el lanzamiento de misiles antitanque de Hezbolá hacia el norte de Israel.
En la práctica, esta estrategia se traduce en la consolidación de posiciones militares dentro del territorio libanés, abarcando cerca del 8 por ciento del país. El avance se ha producido con escasos enfrentamientos en las localidades fronterizas, permitiendo a las fuerzas israelíes entrar en aldeas prácticamente vacías o con presencia reducida de civiles.
Demoliciones sistemáticas y destrucción de infraestructura
El ejército israelí ya ha comenzado a demoler viviendas en poblados fronterizos, tanto en áreas donde los habitantes huyeron por los bombardeos como en zonas donde aún permanecen residentes. Para muchos de los desplazados, el retorno se presenta como incierto: las casas han quedado destruidas o severamente dañadas, y la infraestructura básica que conectaba estas localidades con el resto del país está siendo sistemáticamente desmantelada.
A pesar de los riesgos, en al menos 16 localidades de los distritos de Bint Jbeil, Marjeyoun y Hasbaya continúan viviendo cientos de personas -principalmente cristianos, musulmanes sunitas y drusos- que han optado por permanecer en sus hogares.
Crisis humanitaria y bloqueo de ayuda
La situación se ha agravado con los bombardeos israelíes sobre rutas esenciales para el tránsito de personas, alimentos y ayuda humanitaria. Los pedidos para establecer corredores humanitarios no han tenido respuesta, mientras el ejército israelí ha anunciado nuevos ataques contra cruces estratégicos como Sohmor y Mashghar, lo que podría terminar de desconectar la porción occidental del Valle de la Bekaa del resto del país.
El presidente de Líbano, Joseph Aoun, ha expresado su preocupación al afirmar que "quizá Israel quiere convertir el sur de Líbano en otra Gaza", luego de que el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, anticipara la destrucción de las aldeas fronterizas, similar a lo ocurrido en Gaza durante la guerra contra Hamás.
Reacción internacional y tensiones internas
El gobierno libanés ha rechazado categóricamente la ofensiva y exigido la retirada inmediata de las tropas israelíes. El primer ministro Nawaf Salam, en conversación con el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, reiteró que Israel debe cesar sus operaciones militares y abandonar todo el territorio libanés.
Salam consideró que "la incursión israelí en el Líbano bajo pretextos como la creación de una zona de amortiguación o un cinturón de seguridad es completamente inaceptable", según un comunicado oficial de su gobierno.
Los bombardeos han alcanzado zonas fuera del sur del país, incluyendo un ataque en Ain Saade, en las afueras de Beirut y de mayoría cristiana, que dejó al menos tres muertos -entre ellos Pierre Mouawad, un dirigente local del partido Fuerzas Libanesas, y su esposa- y tres heridos.
División social y preocupaciones políticas
El partido cristiano Fuerzas Libanesas, acérrimo enemigo del grupo chií Hezbolá, ha cuestionado la falta de autoridad del Estado y del ejército libanés para desarmar a los grupos armados. Dirigentes políticos y analistas locales advierten que estas acciones militares pueden exacerbar las divisiones entre las distintas comunidades libanesas, en un momento especialmente sensible por el desplazamiento de más de un millón de personas desde zonas predominantemente chiíes hacia otras regiones del país.
La llegada masiva de desplazados a nuevas áreas ha generado tensiones en algunos sectores, complicando aún más el ya frágil equilibrio social y político del Líbano. La comunidad internacional observa con preocupación este conflicto que amenaza con desestabilizar aún más una región ya de por sí convulsa.



