Cumbre borrascosa en Miami: La exclusión estratégica que preocupa a América Latina
El consenso político parece haberse evaporado de las actividades humanas, reemplazado por imposiciones autoritarias o por la dictadura de minorías ideológicas. En este contexto de polarización global, se desarrolló a principios de mes en Miami una reunión convocada por Donald Trump que ha generado profunda preocupación en la región: la cumbre para formar el Escudo de las Américas.
Asistentes y ausencias notorias
La cumbre contó con la presencia de líderes como Nayib Bukele de El Salvador, Daniel Noboa de Ecuador, Javier Milei de Argentina y otros mandatarios de tendencia derechista. Sin embargo, las ausencias resultaron más significativas que las presencias: Canadá, México, Brasil y Colombia fueron excluidos deliberadamente de esta iniciativa continental contra el crimen organizado.
Esta exclusión resulta particularmente preocupante considerando que México, Brasil y Colombia son precisamente los países que alojan y sufren directamente las mayores amenazas del crimen organizado transnacional en la región. Una campaña continental que omite a estos actores clave parece destinada a la ineficacia desde su concepción.
Interrogantes estratégicos sin respuesta
La exclusión de los tres grandes países latinoamericanos plantea serios interrogantes sobre los verdaderos objetivos de esta iniciativa:
- ¿Se busca movilizar el voto hacia la derecha en la región?
- ¿Pretende Estados Unidos realizar operaciones en territorio ajeno sin consentimiento, alegando falta de cooperación?
- ¿Es un intento de neutralizar la influencia china en América sin consultar a sus principales socios comerciales?
- ¿Se planea controlar la migración ilegal sin la participación de Colombia, país clave en la ruta del Darién?
Contexto regional complejo
La cumbre se desarrolló en un momento particularmente sensible para la región. Ecuador ya inició operaciones combinadas mientras Colombia expresaba su desacuerdo. La situación en Venezuela presenta nuevos desarrollos, mientras en Cuba aumenta la presión para un cambio de régimen. Los conflictos en Ucrania e Irán continúan afectando la seguridad global.
Paralelamente, Donald Trump enfrenta una disminución en su favorabilidad y dudas sobre su control efectivo de la Casa Blanca, lo que añade incertidumbre a cualquier iniciativa que lleve su sello.
Implicaciones para Colombia
Para Colombia, la exclusión de esta cumbre representa un doble desafío. Por un lado, el país enfrenta un resurgimiento de las mafias y el avance territorial de grupos violentos derivados del narcotráfico. Por otro, el gobierno actual ha generado tensiones con las Fuerzas Armadas, tradicionalmente coordinadas con inteligencia estadounidense.
Las relaciones políticas entre Colombia y Estados Unidos se mantienen en un frágil equilibrio de convivencia forzada, aderezada con sanciones y erosión de la relación comercial, la inversión y el apoyo bipartidista que históricamente caracterizó esta alianza.
La necesidad de un nuevo rumbo
La ausencia de Colombia en esta iniciativa no fue accidental sino deliberada, según análisis políticos. Ni Marco Rubio ni la DEA olvidaron extender una invitación; la exclusión responde a cálculos de intereses estratégicos más que a méritos en la lucha antidrogas.
Con esta ausencia buscada, Colombia y Estados Unidos pierden oportunidades de coordinación efectiva contra amenazas comunes. Mientras no sea posible modificar la dirección de la Casa Blanca, corresponde a Colombia redefinir su propio rumbo desde la Casa de Nariño, fortaleciendo su posición regional y buscando alianzas que respeten su soberanía y reconozcan su papel central en la seguridad hemisférica.
El formato del Escudo Hemisférico, con Trump sentado y los otros doce líderes de pie a sus espaldas, simboliza una división regional preocupante que difícilmente contribuirá a combatir efectivamente las mafias, controlar la migración o contrarrestar influencias externas. La verdadera cooperación requiere inclusión, no exclusiones estratégicas.



