Cómo se gestó la guerra entre Estados Unidos e Irán: las decisiones políticas, estratégicas y regionales que provocaron el conflicto
Más que una decisión repentina, detrás del conflicto entre Estados Unidos e Irán hay procesos geopolíticos complejos que eliminaron progresivamente las alternativas a la confrontación directa. A medida que la guerra redefine las premisas de seguridad global y los mercados energéticos, el debate se ha centrado en por qué el presidente Donald Trump optó por esta vía.
El colapso del acuerdo nuclear y las sanciones económicas
Una de las decisiones fundamentales fue la retirada de Trump en 2018 del Plan de Acción Integral Conjunto (Paic), el acuerdo alcanzado con Irán en 2015 para limitar su programa nuclear. En ese momento, el mandatario estadounidense argumentó que eliminar el Paic era necesario para lograr un acuerdo más sólido mediante presión económica.
Las sanciones no eran una novedad para Irán, que incluso bajo el Paic enfrentaba importantes restricciones por sus vínculos con el terrorismo, misiles balísticos y abusos de derechos humanos. Sin embargo, cuando el acuerdo nuclear quedó sin efecto, las sanciones se aplicaron sin el componente diplomático que antes mantenía abierta la puerta a negociaciones.
La convergencia estratégica entre Estados Unidos e Israel
A medida que la presión económica se intensificaba sin producir una capitulación o cambio de régimen en Irán, los responsables políticos enfrentaban un conjunto cada vez más reducido de opciones. Cada intento fallido de coerción reforzaba la percepción de que la presión por sí sola no podía resolver el problema nuclear iraní.
Esta dinámica alineó progresivamente la percepción de amenaza de Estados Unidos con la de Israel, que considera la mera latencia nuclear (poseer los medios para crear un arma) como un riesgo inaceptable y existencial. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha articulado este enfoque durante décadas, presentando a un Irán con capacidad nuclear como una amenaza directa a la seguridad de su país.
La política iraní y el avance del programa nuclear
Tras el colapso del Paic, Irán continuó desarrollando su programa nuclear, lo que aumentó su poder de negociación sin cruzar abiertamente el umbral de la construcción de un arma nuclear. Sin embargo, este efecto fue contrario al que pretendía Teherán, pues cada avance tecnológico:
- Reforzó la percepción israelí de que se acercaba una fecha límite irreversible
- Fortaleció el argumento en círculos estadounidenses de que la diplomacia estaba perdiendo credibilidad
- Dificultó las opciones de prevención al dispersar y fortificar bajo tierra la infraestructura nuclear
El rol de los países del Golfo y los Acuerdos de Abraham
El camino hacia la guerra también atraviesa los países del Golfo, donde la rivalidad entre Irán y Arabia Saudita ha definido durante mucho tiempo la seguridad regional. Los ataques de 2019 contra instalaciones petroleras sauditas y los posteriores ataques hutíes contra infraestructura energética expusieron la vulnerabilidad de estos Estados.
En respuesta, varios países del Golfo avanzaron hacia una alineación estratégica con Israel a través de los Acuerdos de Abraham de 2020, que reflejaban la preocupación compartida por la creciente influencia iraní en la región. Aunque una confrontación directa seguía siendo demasiado arriesgada para estas economías dependientes del flujo energético, la mayor alineación con Israel y las garantías de seguridad estadounidenses permitieron a los gobiernos del Golfo apoyar la contención de Irán.
La escalada inevitable hacia el conflicto
Con el tiempo, la guerra comenzó a parecer la única vía posible. La convergencia estratégica entre Estados Unidos e Israel, sumada a la gestión de riesgos en el Golfo, hizo cada vez más difícil mantener la moderación y las opciones diplomáticas.
Ahora, con los ataques estadounidenses e israelíes ampliándose y las represalias iraníes dirigidas contra ciudades israelíes, centros energéticos del Golfo, bases estadounidenses y el transporte comercial a través del Estrecho de Ormuz, el conflicto se ha convertido rápidamente en una lucha a escala regional con repercusiones globales.
Las consecuencias nunca iban a quedarse en el ámbito local porque la estrategia de disuasión iraní opera precisamente a través del Estrecho de Ormuz, conectando el conflicto regional con la economía global. La decisión final de entrar en guerra pareció repentina solo porque la trayectoria hacia la confrontación se había ido acumulando silenciosamente durante años, eliminando progresivamente todas las alternativas a la confrontación militar directa.
