El desafío marítimo del ARC Simón Bolívar en aguas antárticas
La tripulación del buque escuela ARC Simón Bolívar enfrenta actualmente su segundo día consecutivo navegando por el temido Paso de Drake, considerado uno de los cruces marítimos más desafiantes y peligrosos del planeta. Las condiciones han empeorado significativamente desde el inicio de la travesía, con vientos que alcanzan los 60 kilómetros por hora y olas que superan los 4 metros de altura.
Un entorno hostil que modifica la vida a bordo
El sonido constante del impacto de las olas contra el casco del buque se ha convertido en la banda sonora permanente de esta travesía. En la parte más baja de la embarcación, cerca de la popa, el movimiento se siente con mayor intensidad, provocando que objetos se desplacen y generando golpes metálicos que evidencian la fuerza brutal con la que el agua azota la estructura.
"Es impresionante el sonido de las olas, la altura que nos está dando en este segundo día del Paso de Drake", relata un tripulante a bordo. "No deja de ser un desafío marítimo que genera cierta aprensión, especialmente cuando parece que las olas podrían entrar al buque en cualquier momento".
Adaptaciones logísticas y operativas
La vida cotidiana a bordo ha tenido que adaptarse radicalmente a las condiciones extremas:
- Los pasillos permanecen vacíos durante los momentos de mayor movimiento, ya que los tripulantes prefieren refugiarse en sus camarotes
- La cocina ha modificado completamente sus menús para eliminar cualquier proceso que implique hornos o freidoras
- Los almuerzos formales han sido suspendidos temporalmente
- La vajilla tradicional fue reemplazada por platos y vasos metálicos para prevenir accidentes
La marinero segundo Pérez Valentina explica las dificultades culinarias: "La verdad es bastante complicado, todo se cae. Las ollas se caen, no podemos prender licuadora, entonces es bastante complicado la verdad".
Condiciones meteorológicas extremas
El teniente Robayo detalla el panorama desde cubierta: "Tenemos la altura de la ola de 3 y 4 metros, intensidad del viento de 50 nudos. Si te das cuenta se nos avecina un chubasco, se ha movido bastante el buque, pero bueno, ahí vamos dándola toda".
Entre la tripulación circula una creencia arraigada: si el Paso de Drake no "cobra" su precio durante la entrada, definitivamente lo hará durante la salida. Esta vez, el desafío parece haberse intensificado particularmente durante el regreso hacia el continente suramericano.
Un reto físico y mental constante
Incluso marineros experimentados que habían superado mareos en travesías anteriores a bordo del ARC Gloria han vuelto a sentir los efectos del violento balanceo. La frase "El Drake es el Drake" se repite como un mantra entre la tripulación, reconociendo la naturaleza implacable de estas aguas.
Cada hora de navegación representa una prueba tanto física como mental para los 80 tripulantes aproximadamente que conforman la dotación del buque escuela. Mientras el ARC Simón Bolívar continúa su avance hacia aguas más tranquilas, la experiencia en el Paso de Drake quedará registrada como uno de los capítulos más exigentes de su misión antártica.