La avicultura en Colombia representa uno de los pilares fundamentales de la economía, especialmente en el ámbito del empleo rural. En Santander, esta actividad concentra aproximadamente una cuarta parte de la producción nacional de pollo y huevo, constituyendo un motor vital para decenas de miles de familias. Por esta razón, la creciente inseguridad en el campo genera una profunda preocupación, ya que los riesgos que antes eran predominantemente comerciales o sanitarios se han transformado en extorsión, violencia y amenazas directas contra quienes producen los alimentos.
Fenavi denuncia el verdadero problema del sector
Desde su presidencia ejecutiva nacional, la Federación Nacional de Avicultores (Fenavi) ha señalado con claridad que el verdadero problema que enfrenta el sector avícola en la actualidad es la inseguridad. La organización ha denunciado que, en diversas regiones del país, bandas criminales y grupos guerrilleros han encontrado en las granjas un blanco fácil para sus prácticas extorsivas. Aunque Santander no vive la peor cara de este flagelo, las autoridades harían mal en subestimar las señales de alerta que ya se han manifestado.
Impacto de los bloqueos de vías en la producción
Los bloqueos de vías, para mencionar un hecho reciente, han golpeado duramente a los avicultores santandereanos. Durante el reciente paro catastral, se perdieron cerca de tres millones de huevos que no pudieron ser transportados a tiempo hacia Cuba. Este dato ilustra la vulnerabilidad del sector: Santander requiere diariamente siete mil toneladas de alimento balanceado, y cualquier interrupción en las carreteras amenaza la vida de millones de animales y la estabilidad de toda la cadena productiva.
Exigencias de acciones preventivas y contundentes
Fenavi ha reportado casos de violencia y extorsión contra avicultores en varias zonas del país. En Santander, el gremio, en lugar de esperar a que la situación se agrave, exige acciones preventivas, contundentes y sostenidas que garanticen las condiciones básicas para trabajar. Los avicultores santandereanos han demostrado una capacidad admirable para sortear crisis previas, como la pandemia, los paros camioneros, la volatilidad del dólar y el alza de insumos. Sin embargo, la inseguridad requiere una respuesta basada en presencia estatal, inteligencia judicial y una política de seguridad eficaz.
Consecuencias económicas de la inseguridad
Las autoridades seccionales deben comprender que cada granja que cierra o se traslada afecta al empleo formal, a la economía local y a la canasta familiar. Si la producción se desplaza hacia otras regiones, como ya comienza a ocurrir hacia la Costa Atlántica, los santandereanos pagarán más caro su pollo y sus huevos. La inseguridad no solo ahuyenta la inversión y frena el crecimiento del sector, que cerró el año pasado con un incremento del 10 %, sino que también pone en riesgo la confianza en mercados internacionales exigentes como Japón o el Caribe.
Llamado a las autoridades departamentales y nacionales
Fenavi ha señalado además que, mientras el país goza de prestigio sanitario internacional y ventajas logísticas en el Magdalena Medio santandereano, la violencia rural amenaza con destruir esas fortalezas. Por ello, las autoridades departamentales y nacionales deben actuar con firmeza para desarticular las redes de extorsión que acechan a los avicultores. La historia demuestra que Santander es cuna avícola por tradición, por vocación y por eficiencia, pero esa gran fortaleza podría perderse si el miedo y la indefensión se vuelven incontrolables.
Este sector involucra a cientos de trabajadores y afecta a miles de familias que obtienen de allí su sustento diario. La inseguridad no solo puede arruinar el negocio, sino que, sobre todo, destruye vidas. Es imperativo actuar ahora para proteger a quienes producen los alimentos que llegan a la mesa de los colombianos.



